¿El fin de los medios tradicionales?

La pregunta que encabeza este artículo no es nueva. Por el contrario, sus respuestas sí pueden aspirar a algún tipo de originalidad, dado que es tendencia de época el ritmo vertiginoso de los acontecimientos.

Los medios de comunicación tradicionales son un fenómeno de la Modernidad: primero, con la creación y difusión de los diarios en papel, efecto directo de la invención de la imprenta en siglos anteriores; luego, con el surgimiento de la radio a fines del siglo XIX; y más tarde, con la irrupción de la TV en las primeras décadas del siglo XX.

Esos tres dispositivos -diario, radio, TV- implicaban tres habilidades distintas: leer, escuchar, mirar; y en un principio, se agregó una cuarta: analizar, porque inicialmente no fueron pensadas para entretener.

Con el tiempo, sí, mutaron; y desde episodios como la adaptación de la novela La guerra de los mundos a través de una recreación radiofónica llevada a cabo por Orson Wells en 1938, que durante una hora causó pánico e histeria en la sociedad estadounidense por contar en vivo una supuesta invasión extraterrestre, se puso en tela de juicio la veracidad y confiabilidad de los medios de comunicación.

Desde entonces, comenzaron a ser más recurrentes los debates acerca de los intereses que priman en las comunicaciones, sobre todo cuando la noticia también se convierte en una mercancía.

En las últimas tres décadas, la aparición de Internet dio impulso a una de las más grandes revoluciones de la historia en cuanto a la capacidad de concentrar los medios tradicionales en diversas plataformas multimediales. Es decir, que el diario, la radio y la TV, pueden confluir en una misma pantalla digital según los dispositivos actuales (móvil, notebook, tablet, entre otros).

La transformación tiene impactos sociales, culturales, económicos e ideológicos, ya que modificó las costumbres de establecer y sostener los vínculos así como también de acceder a otras pautas de consumo; ademas, aceleró los tiempos y abarató costos al poder estar simultáneamente en muchas partes y en ninguna; todo lo cual pone en evidencia la velocidad de la transmisión antes que la profundidad del contenido.

A principios de este siglo, causó furor el blog, un nuevo medio que permitía crear contenido narrativo a cualquier usuario en particular; luego, la red social Facebook se presentó como más completa al incorporar imágenes a un mundo de palabras y dar la chance de favorecer la interacción de comunidades.

Sin embargo, las prácticas comunicacionales se volvieron más urgentes, siendo Twitter el medio que en 140 caracteres (luego pasando a 180) se erigió como paradigma de la intervención instantánea.

De todos modos, ninguna tiene tanto auge como actualmente Instagram, que bate récords de lides y publicidades al crear álbumes personales y prácticamente detallar cada suceso de la vida sin que se pierdan en el olvido.

Hoy también suma exponencialmente sus adeptos Tik Tok, que se expande con audiovisuales de apenas 15 segundos de duración.

El diagnóstico está claro: no hay espera.

Una noticia que sucede a mediodía ya es vieja a la tarde y tal vez no llegue a ser portada de los matutinos en la jornada siguiente.

Las radios apuestan al entretenimiento, incluidas las AM, históricamente asociadas a la información. Por su parte, las FM ya no resisten a cubrir su grilla con ininterrumpidas horas de música. En los últimos años, proliferan las plataformas en streaming, con lo cual son transmisiones filmadas en vivo para seguir por Internet.

Y en cuanto a la TV, es notoria la pérdida de seguidores de un público que no se siente atraído por los realities y los programas de discusion con panelistas, y se vuelca a las plataformas para consumir un atracón de series que llegan a ser más convocantes que las películas del cine.

Ante este panorama, resulta muy difícil anticipar el futuro de los medios tradicionames en los próximos 10 ó 15 años.

Quizás desaparezcan o tal vez no.

En una de ésas muten y se sostengan de algún modo.

O a lo mejor vuelvan con toda la fuerza a partir de tendencias retro, que cada tanto apelan a un eterno retorno de lo mismo.

En cualquier caso, sentenciar algo ahora es más ciencia-ficción que profecía.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s