La patria se hizo joven

En la madrugada del 16 de septiembre de 1976, la historia de la juventud argentina se partió en mil pedazos; y en ese rompecabezas, diversas fichas han dado forma a la Noche de los Lápices, trágico episodio de La Plata en que fueron secuestrados y torturados diez adolescentes, de los cuales seis continúan desaparecidos.

45 años después, las políticas de la memoria siguen resignificando el hecho, porque ningún acontecimiento es igual a sí mismo, ni siquiera cuando se lo cuenta.

El riesgo de la repetición es que el mensaje pierda su sentido. Por eso la necesidad volver a visitarlo.

No es un hecho alojado meramente en el pasado, sino que mantiene su vigencia.

Durante mucho tiempo se simplificó el horror, argumentando que tenía su origen en un mero reclamo por la gratuidad del boleto estudiantil. Sin embargo, la causa trasciende tal reclamo y es mucho más profunda: va por el lado de esa militancia tan incómoda para el poder, sobre todo si los altos mandos son de facto.

Pisar el barro de los sectores populares, interactuar con los grupos relegados y tratar de visibilizar la violencia estatal, fue visto como un acto irreverente por parte de un gobierno cuyo mensaje era claro: eliminar a quienes consideraban enemigos, sembrar el miedo y ejercer la perversidad hasta sobrepasar los límites de lo imaginable.

De aquel tiempo quedan los restos de una historia que interpela de otro modo. La reivindicación vino luego, años después, y aún continúa.

Hay una condena social mucho más justa que legal, por más que una Ley (N° 10.671, de 1998) establece, para cada 16.09, el Día de los Derechos del Estudiante Secundario.

Muy a pesar de todo, mientras el país se hunde en sus miserias, existe una patria joven que aún sale a las calles, teniendo conciencia de todo aquello que falta mejorar.

No hay mayor dignidad que luchar por clases plurales y escuelas abiertas en condiciones, implementación de la ESI, conectividad plena para quienes están imposibilitados de acceder desde la modalidad remota. En cada rincón de nuestro cielo todavía habitan sueños de vencer la condición de vulnerables, algo posible en tanto esté garantizada la chance de estudiar.


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