Semblanza para un hombre bueno

Mi tío Luis era una persona bondadosa, íntegra, sencilla, humilde y solidaria.

Alguien que vivió para su familia, cada día desde la mañana hasta la noche; y que acompañó, cuidó y visitó siempre a su madre, cuya longevidad se explica, en gran parte, por esa entrega y amor de inconmensurables dimensiones.

Se trató de un laburante responsable que gracias a su capacidad, esfuerzo y dedicación, supo tener varios oficios y trabajos hasta retirarse con los máximos respetos en una multinacional que lo distinguió hacia el final de su carrera.

Lo que tenía, te lo daba.

Podía estar muy fatigado pero era capaz de ir hacia la terminal de ómnibus para recibir o despedir a sus afectos. También, resignaba sus momentos de descanso para organizar algún paseo.

Estaba muy presente en la vida de su esposa, hijos, nietos y demás familiares.

Hablaba con los gestos más que con las palabras.

Nunca una queja.

Siempre dispuesto.

Compartir las imágenes acompañadas de este texto es una manera de homenajear, con sumo y sincero cariño, a esos seres humanos que ayudan a ser mejores, enseñando que no se necesita mucho para ser feliz.

Tenía 65 años de edad.

Y lo que más tristeza genera es que una persona buena, de enorme corazón, ha dejado este mundo, lugar sediento de gente como él.

Que Dios lo bendiga para siempre.


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