El derecho de terminar la escuela secundaria

Hace unos meses, el diario Página / 12 publicó una entrevista a Pablo Díaz -sobreviviente de la Noche de los Lápices- con motivo de haber terminado sus estudios secundarios mediante el Plan FinEs, un programa que ayuda a culminar la escuela a personas que de alguna u otra manera han quedado excluidos del sistema.

La noticia no pasa desapercibida porque justamente Díaz, en su adolescencia, fue uno de los integrantes de un movimiento estudiantil que buscaba garantizar los derechos a pares con dificultades para seguir asistiendo a la escuela.

El universo escolar aparece como paradigmático en la simbología de la Noche de los Lápices, porque da lugar a uno de los episodios más atroces de la última Dictadura Militar en Argentina: persecuciones, secuestros, torturas, desapariciones y muertes, ponen de manifiesto la brutalidad y la violencia de un régimen que sistemáticamente basó el ejercicio de su poder en la destrucción de todo obstáculo para sus intereses.

La nota de la periodista Luciana Bertoia da cuenta de algunos detalles no tan conocidos del protagonista; por ejemplo, su recorrido escolar, caracterizado por episodios de exclusiones derivadas de factores como las faltas de conducta y repitencias, con lo cual debió transitar por más de una institución.

El dato es interesante porque casi medio siglo después, el sistema educativo ofrece otras oportunidades: al margen de sus debilidades y dificultades, y aún atravesado por un desprestigio cada vez mayor, también ha podido encauzar el recorrido de millones de niños y adolescentes que solían abandonar la escuela más a menudo. Al menos, las políticas de Estado establecen que la obligatoriedad educativa en el sistema formal es un derecho inalienable.

A los 64 años de edad, Pablo Díaz posa junto a su familia con el título que le entregaron por haber terminado el secundario. La última materia que rindió fue Matemática, obteniendo un 7 (siete) de calificación. Sin embargo, no fue ésa su asignatura pendiente: la verdadera deuda interior, consigo mismo, era terminar ese camino por el que luchó junto a toda una generación.

Analizando esa postergación, Díaz considera que fue una manera de quedarse en aquella época, no pudiendo ni queriendo cerrar un ciclo. El episodio traumático, por el que hubo diez secuestros y seis desapariciones, lo encuentra como alguien que vivió para contarlo, pero que pagó el alto precio de las amenazas, el recuerdo de permanecer cautivo en centros clandestinos de detención y el dolor ante las pérdidas. Demasiado para una sola persona, más en edad de juventud.

Desde 1998, cada 16 de septiembre es el Día de los Derechos del Estudiante Secundario en Argentina. La fecha homenajea y rinde tributo a la militancia de las víctimas de la Noche de los Lápices, acontecimiento que ocurrió ese día de 1976.

El logro de Pablo, además de un ejemplo de superación, refuerza el concepto y le da aún mayor sentido.


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