Pelé, el primer futbolista global

Cuando en los primeros meses del año pasado sus afectos más cercanos difundieron la noticia, se sabía que no quedaba mucho tiempo más.

Como nunca antes, las imágenes que se daban a conocer en pleno tratamiento de su enfermedad terminal lo mostraron vulnerable, sin esa fina estampa que lo acompañó desde que irrumpió a nivel mundial y que mantuvo aún habiéndose retirado del deporte profesional.

Edson Arantes do Nascimento pasó a la historia siendo Pelé, un apodo que se tergiversa del original «Bilé», sobrenombre de un portero que brillaba en el equipo de su Minas Girais natal, donde también jugaba el padre de quien fuera astro del fútbol.

Cuentan que al pequeño Edson, de humilde origen afrodescendiente, le gustaba ir al arco y ante cada intervención destacada gritaba «Bilé», en homenaje a su ídolo. Un problema de dicción mutó en Pelé.

Talento precoz que empezó a descollar en el Santos, Pelé rompió el molde en el Mundial de 1958, cuando con apenas 17 años de edad fue la figura de una gran generación de futbolistas (entre otros: Garrocha, Tostao, Didí) que le darían a Brasil tres estrellas (Suecia 1958, Chile 1962, México 1970) en cuatro participaciones (solamente no coronó en Inglaterra 1966, abatido por el juego brusco y las lesiones que le ocasionaron los rivales).

Luego de la abolición de la esclavitud en 1888, la población brasileña encararía el nuevo siglo sentando las bases para la libre expresión de su cultura: la música, sus playas, la idea hegemónica de alegría como rasgo identitario fueron expresiones que se trasladaron al fútbol, fundamentalmente tras el trágico drama del Maracanazo que silenció a más de una generación, siempre incrédula de la increíble derrota frente a Uruguay y de local, ante más de 100 mil personas que nunca digiriendo perder un Mundial en casa.

Pelé fue la insignia de una juventud pujante, el símbolo de una rebeldía que reivindicó a la población esclava, la lucha de los sectores más humildes. Era alto, fibroso y atlético, remataba con igual precisión desde ambas piernas, tenía velocidad y gambeta, interesante cabezazo y explosivo poder de gol.

La historia del fútbol lo ubica en el selecto grupo de los elegidos. Antes de él, el paradigma señala al argentino Alfredo Di Stéfano, emblema del Real Madrid, como paradigma. Sin embargo, por popularidad e impacto, Pelé alcanzó otra dimensión, potenciada por el surgimiento de medios masivos como la TV y el efecto de los Mundiales como eventos de creciente atracción social.

Pelé fue el primer futbolista global, el atleta que puso el listón muy alto para ser un jugador de época, trascendental a su propio tiempo.

En una era con incipiente y muy precarias estrategias de marketing, el sello Pelé era un producto que explotaba la investidura de O’ Rei, generaba enorme repercusión ante su supuesto gol N° 1000 (cifra por siempre cuestionada por inverosímil e incomprobable) y despertaba curiosidades al abrir un ignoto mercado al jugar en el amateur fútbol de Estados Unidos vistiendo la casaca del Cosmos, el equipo que reunía a constelaciones como Franz Beckenbauer y Johan Cruyff, quien llegó a disputar un amistoso.

Pelé supo llevar el retiro creando nuevas maneras de permanecer en la opinión pública. Llegó a ser actor en la célebre película Escape a la Victoria en 1980, firmó contratos honerosos para patrocinar a Mastercard y jamás dejó de ser la cara de la FIFA, manteniendo excelentes relaciones con el poder, todo lo cual le valió cuestiomamientos de distintos ángulos, sobre todo de futbolistas activos, con Diego Maradona a la cabeza, que lo señalaban por traicionar a sus orígenes.

A propósito de Maradona, la eterna disputa entre ambos, con ciclos de mutua admiración, algo de calma pero también dardos envenenados, ponían de manifiesto una lucha de egos y celos pronunciados.

Pelé no pareció estar muy atento a los futbolistas como sí fue un rasgo característico de Diego. Tampoco pudo disfrutar en soledad de su legado, porque en 1977, año en que colgó sus botins, ya asomaba Maradona como sucesor, pudiéndole disputar palmo a palmo su reinado a partir de 1986; es decir, muy cercanos entre sí. Esa rivalidad le valió un injusto desprecio de la afición argentina, que opuso la invocación a D10s frente al mundano Rey. Pelé, de declaraciones polémicas, matrimonios fallidos e hijos no reconocidos en primera instancia, quizás no sea tan distinto a nuestro héroe, del que siempre se intentó diferenciar.

Hace unos días, ni bien se confirmó su muerte a los 82 años de edad, Neymar Jr (nacido en el Santos, actual 10 de Brasil) comunicó través de su cuenta de Instagram: «Yo diría que antes de Pelé, el fútbol era solo un deporte. Pelé lo cambió todo. Convirtió el fútbol en arte, en entretenimiento. Dio voz a los pobres, a los negros y especialmente: dio visibilidad a Brasil. ¡El fútbol y Brasil han elevado su estatus gracias al Rey! Se ha ido, pero su magia permanecerá. ¡Pelé es ETERNO!».

No son pocos los que afirman que fue el más grande de la historia.

La respuesta es imposible.

Más inmediato es comprender que todos los súper cracks que se sientan en su mesa (Di Stéfano, Cruyff, Maradona y Messi, por citar tan sólo algunos) algo tienen de él.

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