Los Reyes Magos nunca son los padres

«… No hay nene que no tenga la remera que no sea la original, la trucha, la inventada o la imaginaria; de verdad te lo digo. Marcaste la vida de todos y eso es para mí más grande que cualquier Copa del Mundo. Y no te lo va a sacar nadie. Es un agradecimiento por un momento de felicidad tan grande que le hiciste vivir a tanta gente, ojalá te lo lleves en el corazón porque creo que es más importante que una Copa del Mundo. Así que muchísimas gracias, capitán”.

La que habla en los días previos a la final del Mubdial es Sofi Martínez, periodista revelación de Qatar 2022 por sus coberturas para TV Pública, ESPN y FM Urbana Play. Sus emotivas palabras tienen un único destinatario: Leo Messi, quien la escucha en un intercambio cara a cara, con un rostro que devela la paz y la serenidad de quienes saben que el verdadero logro está en esos universos un tanto imperceptibles, subordinados a la variable de la inmediatez del resultado.

Mientras la industria del juguete hace malabares para salvar sus ventas con los regalos para Navidad y los Reyes Magos, la empresa que viste a la Selección Nacional pone personal a trabajar, de solo a sombra, en su planta de Villa Lugano, intentando satisfacer la enorme demanda de un producto que escasea en el mercado por el furor del Mundial en un país con crisis económicas, desempleo e índices de pobreza preocupantes.

La camiseta de Argentina, con la 10 de Messi en la espalda; el buzo rojo o verde, con el dorsal 23 y los guantes de yapa que utilizó el Dibu Martínez; o el kit que incluye banderines, pelotas y la réplica artesanal del trofeo de la Copa, cotizan muy alto en la ilusión de la infancia, que en sus cartas a Papá Noel o los Reyes se entregan al derecho de desear sin condicionamientos.

Cuando Sofi le dice a Leo que está en el corazón de cada niño, queriendo ser como él al ponerse la camiseta oficial, la alternativa o la que se diseña de manera casera como para salir del paso, le manifiesta al mismo tiempo que la victoria más grande de una persona acaso sea vivir en los demás, despertando ilusiones a nivel exponencial: puede ser para sentirse parte de un colectivo o comenzar a atesorar la idea de patria en tanto algo propio y sumamente necesario.

El fútbol tiene una potencialidad grande e incomparable respecto de cualquier otra esfera de la vida social. Es un juego, un sentimiento, una oportunidad; todo junto en simultáneo.

Por eso, los niños sueñan con ser grandes al querer emular a sus ídolos y los grandes se ilusionan con volver a sentir ese aroma propio de la infancia, cuando el mundo era menos hostil que en la adultez.

En ese retorno al origen, la humanidad confluye hacia un punto de partida común.

Le pasa al pibito que se pinta la casaca y el número de Messi con un fibrón, y al cartonero que llora porque alguien le regala una camiseta con los bastones celestes y blancos.

Sofi apela a su humilde espontaneidad que combina un decir sencillo y barrial: «la original, la trucha, la inventada o la imaginaria».

En esta noche de Reyes, anhelar algo de la Selección Nacional es querer, aunque sea un poquito más, a nuestro país; y aunque los tres magos no logren satisfacer todos los requerimientos, sabrán que al menos no todo está perdido.

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