Flagelo

El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

La fecha se eligió en 1981, durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, cuya sede fue la ciudad de Bogotá, Colombia. Allí se puso de manifiesto la necesidad de hacer memoria ante un hecho atroz y significativo para los pueblos de la región: ese día de 1960, las hermanas Maribal (conocidas como «Las mariposas») fueron apaleadas y arrojadas al abismo por militar en contra de la dictadura de Leónidas Trujillo en República Dominicana. En Los hijos de los días (2012), Eduardo Galeano recupera esta historia.

Con el correr de los años, la ONU se hizo eco de esta efeméride y estableció en su calendario la visibilidad de este flagelo que sucede en gran parte del mundo, especificando que la violencia contra la mujer es “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”.

En Argentina, cada vez cobra más relevancia este recordatorio; sobre todo a partir del movimiento feminista y del activismo que lleva por nombre Ni una menos. 2015 fue el año de quiebre, un momento crucial que puso en el centro de la escena la lucha de las mujeres por un mundo más justo e igualitario, en paralelo a estadísticas que causan escalofríos: a modo de relevamiento, 2022 indica que se produjeron 278 femicidios en el país. Finalizando noviembre, estamos hablando de 25 muertes por mes, a razón de casi una por día. Además, los datos muestran que 320 hijos quedan sin sus madres, de los cuales el 58% es menor de edad.

El último caso de gran resonancia es el de Eliana Pacheco, joven de 26 años de edad, madre de dos hijos. Tras algunos días sin novedades de ella, fue encontrada en un zanjón de las calles 38 y 203, por la zona periférica de La Plata. La autopsia determinó que su muerte resultó por asfixia mecánica. Al momento de escribirse este texto no hay detenidos, mientras los investigadores siguen analizando distintas hipótesis y buscando pruebas que den con la persona culpable.

Hoy es Eliana.

Ayer fueron otras.

Hace décadas, aún más.

Y si fuera una línea de tiempo, lamentablemente nada hace pensar que estas realidades se reviertan.

Son tantas que una noticia tapa a otra y por momentos es complejo tener pleno registro de tantas tragedias cotidianas.

Un gran interrogante que subyace es por qué si la problemática está instalada y difundida de manera masiva, incluso con mucha más concientización que en otras épocas, la violencia sigue intacta, incluso con más fuerza.

A modo de diagnóstico, entre lejano y tal vez ligero, podría ser que existe un trauma social, que impide crear lazos y relaciones de confianza. La otredad se presenta como una presencia desconocida o enemiga, no como una oportunidad. En el egoísmo de estar más desposeídos, el hombre siente amenazada su histórica hegemonía. La mujer adquiere otro protagonismo que no todos están dispuestos a reconocer.

Se necesita dar mayor espacio de educación sexual integral en las escuelas, contar con planes efectivos de visibilidad, crear programas de reflexión, favorecer los vínculos, recuperar los principios del respeto, la convivencia y el bien común.

En algunas culturas ellas siguen sometidas, cubiertas por un velo o condenadas a hacer trabajos indignos, como hace siglos.

Otras sociedades ponen en duda aquellos paradigmas.

Y hay lugares del mundo en donde, directamente, no necesitan pedir permiso para vivir en libertad.

Algo tiene que cambiar urgentemente.

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