Las medianoches de Dolina

Hay personas que son dueñas de talentos únicos y quizás desencontrados, a veces errantes caminantes sin un destino fijo hasta que logran dar con el momento y el lugar indicados para trascender.

Alejandro Dolina (Buenos Aires, 1944) podría ser fiel reflejo de esa realidad, alguien que nacido en el corazón de una familia de clase media, con un padre amante del tango y una madre maestra, pudo encontrarse con gente que vio en él cualidades para dejar huella.

Mucho antes de ser un ícono de la radiofonía argentina, había deambulado sin gran suceso por la carrera de Derecho hasta que tiempo después de abandonarla hizo un viaje al exterior que le cambió la vida. De regreso al país, concurrió a un cumpleaños; y en esa fiesta, uno de los invitados advirtió que hacía buenos chistes, con lo cual lo contactó con un mundo nuevo.

Desde la década del 70, Dolina comenzó una carrera ascendente poniendo en juego sus dotes como músico y escritor. Fue autor de una pegadiza melodía rítmica que auspiciaba a la revista deportiva El Gráfico y escribió cuentos en el semanario Humor Registrado, publicación que trataba con desfachatez y sarcasmo asuntos de la política nacional, algo que le valió el recelo de la última Dictadura Militar.

Aquellas narraciones se compilaron en el libro Crónicas del Ángel Gris (1987), una obra en que Dolina crea una mitología urbana y barrial, de Hombres Sensibles y Refutadores de Leyendas, dos bandos enfrentados que daban cuenta de historias curiosas, insólitas y misteriosas.

Por aquel entonces, ya había iniciado su trayectoria en el dial conduciendo el ciclo Demasiado tarde para lágrimas desde 1985. El programa, génesis de lo que a partir de 1992 sería La Venganza Será Terrible, transformó las medianoches radiales, atrayendo a un público nocturno que fue dándose cita espontáneamente en el estudio, con lo cual devino un show teatral que perdura hasta la actualidad.

En el recorrido de su trayectoria, Dolina adquirió una popularidad que le valió el reconocimiento general, consagrándose en los últimos Premios Martín Fierro. Con un estilo que combina el barrio y la Academia, es una suerte de libre pensador de nuestros tiempos que se encuentra muy presente en a escena de los debates públicos, con ideas que lo ubican como un actor social vinculado a la defensa de los intereses colectivos.

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