Estragos

En septiembre de 2018, Fabián Tomasi tenía 52 años de edad y pesaba poco menos de 40 kilos cuando ya no pudo batallar contra la muerte.

Durante largo tiempo había destinado la fuerza del trabajo a las fumigaciones que se realizaban bajo un cielo abierto, en la localidad de Basavilbaso (Entre Ríos).

Su labor era abrir envases que contenían químicos contaminantes como el gilosofato y vertirlos en recipientes de 200 litros con agua, para luego trasladarlos a través de una manguera hacia aeronaves que rociaban los campos sembrados con soja.

Esa tarea, tan sencilla como de bajo costo para las grandes corporaciones en cuanto a su mano de obra, causó enormes daños en su cuerpo, deviniendo a sí mismo experiencia de un pronunciado deterioro imposible de disimular.

Tomasi se convirtió en símbolo de la lucha contra los agrotóxicos y el sistema depredador de las grandes empresas, que a su vez es foco de resistencia por parte de las organizaciones ambientalistas.

Sufría polineuropatía tóxica severa y atrofia muscular generalizada, venciendo un diagnóstico inicial de seis meses de vida. Conciente de su grave enfermedad, se dedicó a visibilizar los estragos que en un proceso acelerado y sin detenerse tuvo consecuencias irreversibles. En sus últimos años dio entrevistas, conferencias y diversos testimonios, acerca de una problemática que no sólo afecta a miles de obreros desamparados ante un sistema capaz de condenarlos al envenenamiento por un puñado de monedas, sino que también es causa de los altos índices de cáncer en su población.

En su momento declaró: «Mis primeros síntomas fueron dolores en los dedos, agravados por ser diabético, insulinodependiente. Luego, el veneno afectó mi capacidad pulmonar, se me lastimaron los codos y me salían líquidos blancos de las rodillas. Actualmente, tengo el cuerpo consumido, lleno de costras, casi sin movilidad y por las noches me cuesta dormir, por el temor a no despertar. Tengo miedo de morir. Quiero vivir”.

Su caso motivó la creación de proyectos de ley para evitar nuevas tragedias, dado que nunca puede haber progreso científico si se pierden vidas.

La muerte de Tomasi es otro de los tantos crímenes del capitalismo.


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