Un gesto

«Infinita tristeza
late en mi corazón
infinita tristeza
escaldada passion
infinita pobreza
tu sombra en la pared…»

El que canta es Manu Chao, músico tan lúcido como contracultural, cercano a las causas urgentes, un activista que visibiliza el dolor y la postergación de las regiones más humilladas del planeta.

El corte de difusión lleva el nombre de ‘Tristeza maleza’ y aplica a cualquier episodio de profundo desencanto que se vive tierra adentro, en los confines de una región castigada por los imperialismos y las impericias de gobernantes que ejercen su poder de espaldas al ahogo popular.

No hay que ir demasiado lejos para advertir que muchas personas la están pasando muy mal, sobreviviendo al día con lo que llevan puesto (y a veces ni siquiera eso).

Hoy el ojo mediático estuvo puesto en dos notas que entrelazan las realidades de un país incapaz de resolver sus propios traumas.

El gesto de la jornada fue de Marcos, Licenciado en Administración de Empresas que a sus 30 años de edad tuvo la dignidad de detenerse ante el rostro apagado y la vencida caminata de José, un indigente que inicialmente no se animó a corresponder la solidaria intervención de alguien que había reparado en él.

Cerca de allí, una mujer capturó el conmovedor momento desde su teléfono movil, y ese registro resultó fuente inspiradora para confiar en que -aún ante las peores adversidsdes- hay fuegos que iluminan destellos de empatía.

La imagen habla por sí sola y vale más que mil palabras.

Marcos lleva sus manos hacia los hombros de José.

Parece calmarlo.

José siente vergüenza y llora.

Marcos no sólo le da algo de dinero que José se niega a recibir, sino que lo mira a los ojos y le da entidad.

No lo ignora.

No lo evita.

No lo rechaza.

Cuando intenta abrazarlo, José siente pudor porque se autopercibe como alguien no merecedor de esa muestra de respeto y cariño al no encontrarse en las condiciones higiénicas adecuadas.

Marcos lo convence.

Le pide por favor que se levante y siga.

Que la siga luchando como todos los argentinos.

Y cuando José por fin acepta tal acto revolucionario de genuina humanidad, el INDEC da a conocer que en el país hay 17 millones pobres.

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