La razón de mis días

Mi padre, nacido en Catamarca y segundo entre cinco hermanos, fue el primero en irse de su casa en busca de un mejor destino. Una vez que se recibió de Profe de Matemática, aceptó una propuesta de trabajo de la Patagonia.

Mi madre, oriunda de Entre Ríos pero ya instalada en la tierra donde hoy habita la abuela Julia, era por aquel entonces hermana mayor de un adolescente de 14 años y también siguió el mismo rumbo. Luego, siendo docente, logró licenciarse en Ciencias de la Educación hacia la segunda mitad de la década del 80, viajando a Catamarca únicamente para rendir sus últimas materias.

Desde la fecha de su casamiento en 1969 hasta la actualidad ha pasado poco más de medio siglo.

Por aquel tiempo, la clase humilde y trabajadora encontraba en el estudio una fuente de progreso, y el ascenso social estaba dado por una cultura que acaso haya sido heredera de las políticas del primer peronismo, que alentó la realización de algunos sueños hasta entonces imposibles.

Conocer parte de esta historia tuvo su privilegio en una noche de verano de 2017, cuando pasando unas vacaciones en el norte charlé durante varias horas con mi abuela, necesaria inspiración para empezar a crear un libro de entrevistas. 

Durante la infancia y adolescencia que viví en Trelew, siempre supe que mi destino sería estudiar en la universidad. Quería ser como Dolina por esa fascinación que me generaba seguirlo por la radio, combinando reflexión y humor. Pensaba que al estudiar Filosofía podía llegar a tener conversaciones interesantes, conocer distintos lugares y cultivar nuevas amistades.

Entre 2001 y 2004 tuve un paso por Bahía Blanca que me enseñó mucho en el plano personal. En 2005 llegué a La Plata, me anoté en Humanidades y gradué en diciembre de 2010. 

A partir de entonces, sigo construyendo un camino que supera lo que eran mis expectativas iniciales: trabajo en escuelas, publico textos, participo de una radio, sigo estudiando, viajo.

Sin embargo, ninguna de esas realidades me llega tanto al corazón como ser docente y recibir el cariño de estudiantes a quienes uno acompaña en su crecimiento. 

Por cosas así, siento que el mundo duele mucho menos.

(Muchas gracias de todo corazón).

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