El educador liberado

En el último mes de mayo se cumplieron 25 años sin Paulo Freire (1921-1997), un pedagogo brasileño que trascendió a su propio tiempo, convirtiéndose en ícono de la educación popular.

Su obra tiene impronta revolucionaria, pues crea un sistema de alfabetización capaz de empoderar a los sectores postergados, a través de un método que los conecta con sus propias experiencias situadas y no con la colonización de los saberes.

Freire enseña que cada cual es dueño de una potencialidad capaz de impactar en su entorno más cercano.

Son los aprendizajes contextualizados aquellos que pueden encontrar soluciones a problemáticas urgentes.

No existen recetas para afrontar adversidades; mucho menos, si aquellas provienen como fórmulas de afuera.

Las sociedades emergentes, históricamente sometidas a los imperialismos, tienen la oportunidad de rebelarse ante las injusticias y el estado de situación que las coloca en un lugar de espera.

Si la vida pasa demasiado rápido, no hay tiempo que perder.

La obra de Freire es un faro a partir del cual se iluminan ideas empancipadoras, llamadas a invertir el orden establecido y poner en sintonía la dignidad de quienes buscan no caerse de un mundo hostil que muchas veces es generador de sensaciones cercanas al extrañamiento.

Su pedagogía del oprimido invita a la empatía de creer más que nunca en el valor de la educación transformadora. En ese sentido, no hay necesidad tan urgente como la de apostar por lo que se presenta en clave de imposible. Hay un «ahora o nunca» siempre reinventándose.

Freire está tan omnipresente que su sola referencia supone el riesgo de quedarse redundante en sus aportes generales.

Leerlo, interpelarlo, redimensionarlo, nunca ha de ser el final de los caminos sino más bien el principio.

Mientras las escuelas devienen recintos que subyacen a pesar de los escombros, un pensador de los lugares más emergentes del planeta propone acciones sin necesidad de levantar murallas.

Ese saber que circula en el diálogo consigo mismo y el entorno tiene la fuerza de un gesto revolucionario llamado a romper toda frontera.

La certeza es que con Freire no alcanza pero sin él será inviable la utopía.

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