Docencia

Dicen que a Sarmiento le pusieron como uno de sus nombres «Valentín» por haber nacido el 15 de febrero, una jornada después del Día de los Enamorados. Que el «Domingo» por el cual pasó a ser reconocido vino luego y sin figurar en los registros oficiales, sólo por un deseo de su madre, devota de Santo Domingo.

Oriundo de San Juan, el hombre en cuestión hizo una carrera política, social y educativa, con luces y sombras.

Es verdad que creó numerosas escuelas que formaban parte de su ideal como funcionario, capaz de impulsar necesarias políticas de Estado, como por ejemplo la Ley Federal de Educación, algo que se concretó en 1874 con la presidencia de Julio Argentino Roca. Pero en esos caminos llamados a diseñar la urgente identidad como nación, aún genera mucha controversia su ideología separatista, que dividió a la sociedad entre civilización y barbarie.

Sarmiento falleció el 11 de septiembre de 1888, y desde 1945 un decreto nacional determinó que en su homenaje sea el Día del Maestro en Argentina.

En tiempos de deconstrucción, podría ser necesario revisar esta fecha y encontrar motivos para ampliar derechos, renovar obligaciones y problematizar urgencias que la sociedad atraviesa desde hace décadas, en tanto uno de los roles principales del Estado se halla continuamente sometido al abandono y la debilidad; en gran parte, por medidas de gobierno que por un lado alientan la inclusión pero por el otro vulneran el derecho de aprender.

Si bien es difícil -y acaso impertimente- analizar la historia con categorías del presente, resulta indispensable preguntarse qué es lo que espera un país de sus docentes y qué es lo que ellos están en condiciones de ofrecer.

Con sueldos por debajo de las dignidades diarias, capacitaciones ligeras para llenar estadísticas y una sobredemanda que atenta contra el sentido de educar, ¿hay sueños posibles de concretar?

La respuesta es sí.

Si se concibe a la educación como un factor de resistencia y de algún modo contracultural a las tendencias hegemónicas actuales, allí -en ese contexto del saber como disputa- se halla la oportunidad de incomodar, cuestionar y emancipar.

(Feliz Día a todos los docentes).


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