Sin fecha de vencimiento

El último sábado 11 de junio, el programa radial Todo con afecto (Radio Nacional, AM 870) se permitió una licencia respecto de su habitual contenido vinculado al fútbol y la literatura: su conductor Alejandro Apo dialogó con Magdalena Aicega (Buenos Aires, 1973), una de las históricas Leonas del hockey sobre césped.

En una cálida conversación, la actual periodista -que también es Licenciada en Nutrición- contó detalles de su carrera deportiva, destacando anécdotas y aprendizajes, además de compartir otras experiencias que la han ayudado a crecer como persona.

No obstante, la perla de la entrevista llegó sobre el final. El locutor, que desde su cautivante voz instaló la costumbre hoy más difundida de leer cuentos a través del dial, preguntó a la invitada acerca de su narración para el proyecto Pelota de papel, que reúne historias escritas por deportistas (actualmente, va por su cuarto tomo).

Magui comentó que su texto, titulado «Sin fecha de vencimiento», era la confesión de un sueño que tuvo alguna vez, en otro momento de su vida.

Hace muchos años deseaba que su destino se cruzara con un gran amor, de esos que dejan huella. Ambientó ese anhelo en una situación fortuita que le dio un halo de magia insuperable; y ese encuentro tendría una invitación: la chance de conocer un lugar tan hermoso como Costa Rica.

Ella construyó un mundo imaginario al lado de un muchacho con quien compartiría su pasión por el hockey. Juntos serían felices en el contexto de una playa, enseñando valores a partir de la práctica deportiva a los habitantes del lugar.

El hecho desencadenante de su cuento -que tiene un emotivo prólogo de Sergio Cachito Vigil, quien fuera su entrenador en el combinado nacional- es la situación límite de tener que regresar al país tras un breve período de vacaciones.

Entonces, la Aicega persona encuentra la excusa predilecta para fabricar las motivaciones de la Aicega jugando a ser escritora.

¿Por qué alguien debería renunciar a sus sueños una vez que los está concretando?

¿Cuál es el costo de las resignaciones?

¿Qué significa la libertad cuando ella se interpone entre los derechos y las obligaciones?

Indirectamente, Magdalena parte de un supuesto contrafáctico: la felicidad preconcebida está a prueba de desilusiones; en la elucubración de las propias utopías, todo soñador permanece invicto ante el posible escenario de su propia frustración.

Y sin embargo, cuánta verdad en lo que narra.

Quizás, el deseo sea el inicio de un camino mucho más cautivante que el punto de llegada.

El cuento termina con ella y su compañero contemplando la paz de un país de América Central.

Mientras tanto, en su vida cotidiana, Magui está casada y tiene tres hijos. Disfruta del amor de su entorno más cercano y de un público que la valora.

Al dar clínicas por el país, es la coprotagonista de otros tantos relatos que en su mente están escribiendo muchas niñas.


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