Diez años sin Caloi

En la escena de la historieta nacional, tres de los grandes próceres que se visten de bronce ya no están: Roberto Fontanarrosa (1944-2007), Carlos Loiseau, «Caloi» (1948-2012); y Joaquín Salvador Lavado Tejón, «Quino» (1932-2020); en ese orden de partida.

Todos ellos han retratado aspectos cotidianos de las vivencias argentinas en clave de estereotipos que invitan a distintas preguntas acerca de su vigencia: ¿Será que siempre tenemos los mismos problemas como sociedad? ¿Por qué la desgracia llega al punto de devenir humor? ¿Puede tener el arte más proyección política que estética?

Estos ilustradores han tenido la virtud de combinar imagen y mensaje a través de viñetas que no han sido inocentes, llegando incluso al público masivo.

Cada uno de ellos está asociado a un personaje que crearon y cuya repercusión los trasciende. Inodoro Pereyra, Clemente y Mafalda, han alcanzado el estatus de celebridades.

En la tradición iniciada por estos referentes, hay dos artistas que se posicionan fuertemente para seguir retratando a la Argentina: Tute y Liniers.

Tute es el hijo de Caloi y una persona muy sensible que tiene una obra conceptual.

Sus libros giran en torno a aspectos como la identidad y el psicoanálisis.

Algunas de sus obras (Tuterapia, Superyó, Humor al diván) abordan cuestiones que lógicamente atraviesan su biografía. Pero ninguna de ellas parecería ser tan significativa como Diario de un hijo (2019).

Dijo Tute a La Voz del Interior: «Sentí que me encontraba con mi viejo en esas noches solitarias (…) (El libro) narra la relación con mi papá desde mi nacimiento hasta su muerte. Me llevó tiempo encontrar lo que los escritores llaman el tono. Lo primero que me propuse fue dibujar un estado anímico. Cómo estaba yo cuando murió mi viejo. Empecé con una historieta en primera persona. Es un dibujo que se va deshaciendo, le empiezan a desaparecer líneas, y termina convirtiéndose en un punto flotando en la nada. Y desde ahí empezar de nuevo, a dibujarse, a armarse. Así arranca».

A una década de su partida, Tute sigue recordando a su padre; pero al parecer, sin él dolor de los primeros tiempos.


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