El genocidio armenio

Todos los crímenes de Estado, ocurridos en cualquier parte del mundo, pertenecen a la humanidad, ameritando su conmemoración, repudio y visibilidad.

La necesaria acción de hacer memoria se impone como efecto paliativo para sanar heridas de por sí imborrables en la historia de una población.

En ese sentido, no solamente se recuerda un hecho con sus propias circunstancias y características, sino que también se procede a reconocerlo como ineludible instancia que hace a la identidad de los pueblos.

Si el pasado une, el dolor también.

El primer genocidio del siglo XX tuvo lugar entre 1915 -dando comienzo, más precisamente, el 24 de abril- y 1923, durante el contexto de la Primera Guerra Mundial.

En tal ocasión, el Imperio Otomano comandado por los Jóvenes Turcos -un partido reformista que en 1980 tomó el poder derrocando a un régimen monárquico- impuso condiciones y tuvo la intención de llevar a cabo una constitución nacionalista que sólo otorgase derechos a turcos y musulmanes, considerándose enemigos a todos los sectores que no entraban en esa categoría.

Con la misión de concentrar el poder, el nuevo gobierno llevó a cabo una ofensiva contra la población armenia, planificando una serie de persecuciones, secuestros, torturas y muertes de aproximadamente 300 intelectuales, con lo cual generaron las condiciones para asesinar a 1.500.000 armenios en un plazo de ocho años (algunos fueron decapitados en el acto, otros sometidos a infinidad de abusos y sometidos a escapar caminando por zonas desérticas, falleciendo por hambre y sed).

Vale destacar que la cultura armenia es una de las más antiguas del mundo, originándose en el tercer milenio antes de Cristo. La versión oficial para atentar contra ellas obedeció a su supuesto riesgo de insurrección y posible alianza con el Imperio Ruso (posteriormente Unión Soviética), una de las potencias de la región que estaba en contienda con las fuerzas turcas.

Antes que el nazismo -movimiento intrínsecamente asociado con el genocidio en tanto práctica de exterminio masivo por razones étnicas, políticas, religiosas, raciales, a cargo de un Estado que atenta contra su propia población- y las dictaduras del siglo XX, existió un holocausto que permanece silencioso en comparación con otros.

Mientras gran parte de Turquía niega haber llevado a cabo un genocidio, alegando una defensa para resguardar a su pueblo, se impone como urgente que la comunidad internacional repudie los hechos para que nunca más vuelvan a repetirse.

Argentina, un país atravesado por el Terrorismo de Estado y sensible a causas de violación en materia de derechos humanos, adhiere al compromiso de hacer causa común con el pueblo armenio. Según el Centro Armenio (www.centroarmenio.com.ar), en nuestra tierra residen actualmente alrededor de 135 mil habitantes descendientes de su comunidad.


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