Merlí Sapere Aude: Un spin-off con mayor intensidad filosófica

Alguna vez le preguntaron a Matt Groening qué había detrás de una decisión clave para la serie animada que le dio prestigio mundial: relegar a Bart de un protagonismo central que se desplazó a Homero.

El creador de Los Simpson argumentó que la historia de la familia, al surgir hacia finales de la década de 1980 como cortos navideños, debía estar dirigida a la infancia, algo que se mantuvo durante las primeras temporadas, cuando ya comenzaba a ser un suceso de dimensiones inconmensurables hasta ese momento.

Para que no se agotara la trama debía pensarse en una estrategia argumentativa que pudiera estar dirigida a un público más amplio; y en ese sentido, las vivencias de Homero -al ser una persona adulta- teníasn más posibilidades de involucrar otras experiencias que de algún modo resultaban inaccesibles para un niño como Bart.

En cierta manera, esa perspectiva podría aplicarse a las recientes creaciones audiovisuales de Héctor Lozano: las tres temporadas de Merlí (2015-2018) y las dos de su spin-off Merlí Sapere Aude (2019-2021). Mientras la primera parecía estar orientada a un público más adolescente, con estudiantes de bachillerato atravesando problemáticas propias de la edad ante las atentas intervenciones de su profesor referente, la segunda se propone abordajes que sin dejar del todo las controversias juveniles, apuestan fuertemente a situaciones complejas y hasta irresolutas -incluso para nada inocentes ni ingenuas- del mundo adulto.

Si Merlí se presentaba como una serie filosófica de TV, esa pretensión quedó a mitad de camino: es cierto que el total de los cuarenta capítulos para las tres temporadas comenzaban con la presentación o cita de algún pensador icónico de la historia de la filosofía que guiaban el contenido de cada episodio; y que el docente protagonista ejercía el rol de un filósofo más cercano a Sócrates -polémico, contestatario, reaccionario- que al de los académicos de los últimos trescientos años. Sin embargo, la influencia de la filosofía quedaba relegada a un segundo plano, opacada por culebrones capaces de exponer las miserias humanas antes que de estimular la reflexión filosófica.

Por su parte, Merlí Sapere Aude (el nombre de la serie original, acompañado de una expresión en latín que se traduce como «atrévete a saber») presenta aspectos marcadamente propios del saber nacido en la Antigua Grecia porque tiene como principal escenario los ámbitos universitarios de carrera de Filosofía en la Universidad de Barcelona.

Las dos temporadas, de ocho episodios cada una, giran en torno a Pol Rubio (Carlos Cuevas), un muchacho de origen muy humilde que fue el rebelde alumno del maestro Merlí. De allí el compromiso de continuar su legado y continuar un trayecto que vincula una visión anti-sistema de la vida con otra del pleno ejercicio de una libertad riesgosa.

En el spin-off hay muchas situaciones de clases universitarias que no pasan desapercibidas y que son verdaderas piezas de colección para abrir debates filosóficos. La profesora que se vuelve referencial en este envío es María Bolaño (María Pujalte), una destacada académica que continúa el espíritu de aquel Merlí llamado a motivar a sus estudiantes; además, comparte con el recordado docente de secundaria el hecho de mostrar dos caras: autosuficiente, superada, soberbia y apasionada, ante la mirada social de la universidad; pero sumamente vulnerable (y en su caso, con problemas de adicciones) en su vida personal.

El hilo conductor de la serie está atravesada, claramente, por las diversidades:

  • sexual (desde el cuestionamiento a la heteronormatividad y la promiscuidad de varios personajes hasta las perversiones que tienen personas maduras con otras mucho más jóvenes, pasando por el hastío que genera la soledad en quienes no consiguen estabilizar sus relaciones de pareja),
  • cultural (la presencia de la argentina Azul Fernández en el papel de Minerva durante la primera temporada visibilizó las costumbres foráneas en una ciudad cosmopolita como Barcelona),
  • y social (la conciencia de clase se pone de manifiesto en la interacción que se da entre personas ricas con otras de sectores medios o bajos, dándose así encuentros que tienen como eje el epicentro plural de la universidad; asimismo, las escenas en los suburbios expresan los movimientos emergentes de culturas subalternas que aparecen postergadas en los estereotipos aceptados).

Merlí Sapere Aude está destinado a otro público que su original Merlí. Pol deja de ser un joven con algunas situaciones que lo interpelan (un padre autoritario y una madre ausente, una sexualidad de alguna manera oculta; todo lo cual es revisado en este nuevo envío) para convertirse en una persona con mayor autodeterminación, madurez y compromiso político. No solamente se acepta como es y vence sus temores al prejuicio, sino que debe acostumbrarse a convivir con una cruel realidad -acaso una de las más significativas que puede padecer cualquier ser humano- que marca un ante y un después en su vida, algo que termina por caracterizar a la serie como una ficción adulta.

En síntesis, la realización encuentra un anclaje en la vida cotidiana que trasciende a su sentido artístico. Desde el momento en que articula el discurso y la fundamentación de índole filosóficos con problemáticas existenciales concretas y reales, da un salto de calidad que acaso pueda ser muestra de todo lo que un conjunto de personas -del centro a la periferia- vive ante la indiferencia de una sociedad que muchas veces se niega a hacer autocrítica al rechazar las dudas, sufrimientos y contextos de una otredad que pide a gritos ser reconocida en su pertenencia a una misma comunidad.

Foto: Free Your Post


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