Hola, Señor Houssay

A riesgo de generalizar, habría que animarse a la sentencia: muchas de las grandes celebridades de Argentina (en materias como arte, ciencia, educación, deportes y otros rubros) comparten el hecho de haberse destacado en contextos desfavorables, casi contrarios a sus pretensiones, debiendo afrontar algo así como una cruzada para trascender.

Este país tiene la particularidad de oscilar entre el cielo y el infierno; es capaz de sacar agua de las piedras pero dejar que se pudra la cosecha.

Al estereotipo del argentino medio lo hace el ciudadano de las grandes metrópolis, cuyo protagonista central es el porteño de Buenos Aires.

Sin embargo existen cualidades que están instaladas en la cultura propia. Por ejemplo, el talento, la capacidad de superar las adversidades, el ingenio para darse maña en la búsqueda de soluciones.

La viveza criolla no es más que un conjunto de predisposiciones entrenadas para sobrevivir al medio.

Y así como están presentes esas inteligencias múltiples, también son múltiples las miserias.

Es probable que la tendencia a la autodestrucción tenga que ver con cómo fue parida la patria. A partir de oleadas inmigratorias de gente que -en principio- vino de paso, se consolidó una tendencia al abandono. En parte, el caos y la desorganización están vinculados a habitantes que vivían en una tierra que no sentían como propia pero tampoco como ajena; y si la realidad no era mejor, la culpa la tenían los demás.

En ese contexto, subyacen ilustres excepciones.

Para este 2022, se están cumpliendo dos fechas relevantes que involucran al Doctor Bernardo Houssay: 135 años de su nacimiento y 75 de haber sido consagrado como el primer latinoamericano en ganar el Premio Nobel para el área de la Medicina.

Un genio.

Una mente brillante.

Una excepción que confirma la regla.

Como tantos otros notables que pusieron a Argentina en el Primer Mundo, Houssay -médico especialista en fisiología- permanece ignorado en las escuelas y demás celebraciones oficiales.

¿Por qué una figura de tal calibre pasa desapercibida habiéndose convertido en ícono mundial con sus investigaciones para tratar la diabetes y ser -de 1958 hasta 1971, año de su muerte- tanto el creador como el primer presidente de CONICET, una institución de prestigio internacional que reúne a los investigadores más prometedores del país?

Al menos, en su nombre y como homenaje a su natalicio, cada 10 de abril es el Día del Investigador y la Investigadora en Ciencia y Tecnología. Una caricia para alguien que dedicó toda su trayectoria al desarrollo científico del país.

De todos modos, no alcanza.

La sociedad tiene una deuda con Houssay y con tantas otras personalidades que contribuyeron a la grandeza de la nación.

Todo ello invita a pensar si será acierto aquello que circula como un broma extendida por el corrillo de la ciudadanía: no somos potencia porque no queremos.


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