Significados y significantes

Desde hace algunos siglos, la comunicación de la especie humana ha dado lugar a diversos estudios e interpretaciones. En ese sentido, las apropiaciones del lenguaje permiten construir infinidades de explicaciones acerca del mundo que rodea a la existencia.

Ferdinand de Saussure (1857-1913) fue un destacado lingüista, semiólogo y filósofo suizo, cuyas investigaciones resultaron sumamente relevantes para comprender no sólo la forma y expresión de los sujetos, sino también su relación con los sistemas de signos que establecen los propios individuos para comunicarse.

A él se le atribuye la distinción entre significado (conjunto de ideas que simbolizan las expresiones de un hablante o emisor) y significante (por ejemplo, la palabra que inspira todo aquello a ser representado).

Si el significado fuera «sentimiento de afecto profundo que tienen las personas», el significante podría ser «amor». Por otra parte, la «expresión que no está condicionada por censuras o prohibiciones» sería el significado del significante «libertad». Y si se afirmara como significado «estado de tranquilidad sin perturbaciones», su significante encontraría referencias en el vocablo «paz».

Los aportes de Sausurre fueron retomados por el psicólogo francés Jacques Lacan (1901-1981), quien en su teoría del inconciente hace jugar un papel central a la palabra.

Todo lo anterior permite establecer líneas de continuidad con un suceso que se ha dado a conocer en estos días: Anja Rozen, una niña eslovena de 13 años de edad, resultó ganadora del concurso internacional Plakat Miru, que buscaba entre sus 600 mil aspirantes premiar alguna ilustración que fuera el mayor y contundente símbolo de paz.

«Mi cartel representa la tierra que nos conecta y nos une. Las personas se tejen entre sí. Si una persona se suelta, el resto cae. Todos estamos conectados con nuestro planeta y entre nosotros, pero lamentablemente somos poco conscientes de ello».

Las palabras de la infante invitan a reconsiderar los amplios significados que surgen en relación al significante paz. Actualmente, ya no estaría alcanzando con la apelación al símbolo universal de un círculo compuesto interiormente por tres líneas: una que va desde la parte superior del medio hasta abajo y dos que se derivan a 45° de ella en su parte inferior, formando así un triángulo.

Y en función de lo anterior: ¿El dibujo de un corazón genérico, rojo y simétrico, armónico y hegemónico, carece de representatividad en estos tiempos?

¿Las alas de una paloma siguen significando libertad?

Entre esos debates, surgen los emojis, que sintetizan expresiones a partir de una imagen: la risa, el rezo, la fuerza, el aplauso, el llanto, son las más utilizadas por las demandas de un algoritmo en la era del Big Data.

A tal efecto, cabe otra pregunta de carácter urgente y esencial: ¿La precariedad y ahorro en el uso de las palabras, propias del siglo XXI, guardará estrecha relación con un mundo más violento, que tiende a la agresión antes que al diálogo para generar acuerdos?


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