El cuerpo como experiencia legendaria

En el deporte más popular del planeta hay un partido que se sigue jugando.

El Argentina-Inglatera del Mundial de México 1986 es un hito por tener todos sus condimentos desde antes de haber comenzado.

Al evento lo atravesó el morbo de la Guerra de Malvinas y las históricas disputas políticas que reavivaron la polémica por las enormes distancias entre países centrales y periféricos; también, dejaron su huella la trampa y la genialidad en los dos goles más famosos que se hayan convertido: el legítimo pero ilegal de la Mano de Dios y el de la gambeta insuperable desde atrás de media cancha; ambos con el sello de Diego Maradona, a quien la estela de esa tarde en el Estadio Azteca lo convirtió en héroe, dios y mito.

De ese cotejo queda la memoria colectiva de aquellos que lo vieron en vivo, ya sea en cancha como a la distancia. Lo demás se encuentra en los registros: fotografías, filmaciones, artículos, testimonios, investigaciones, análisis pormenorizados y hasta un libro que reconstruye los acontecimientos al detalle (El Partido, recomendable pieza de Andrés Burgo).

Cuando ante cada aniversario -algunos más profundos que otros- se vuelve a visitar el hecho, pareciera que nada nuevo va a surgir; y aun así, siempre hay algo que resignifica el episodio para instalarlo socialmente.

Por estos días, se anuncia que Steve Hodge -uno de los caídos aquel 22 de junio- decidió someter a subasta la reliquia más preciada que intercambió con un Maradona ya leyenda en el momento del traspaso, minutos después de su obra cumbre: la emblemática camiseta N° 10, azul de tela brillosa, escudo de AFA sin laureles y números plateados en los dorsales. Una vestimenta de apuro que se eligió horas antes del partido porque la casaca suplente original era muy pesada para soportar el clima (poroto para el Doc Bilardo, quien supo interpretar las ventajas a usufructuar en la altura, con calor y smog).

¿Pero por qué una prenda antigua puede costar tanto? ¿En qué reside su valor? ¿Quién sería capaz de gastar una fortuna y con qué motivos lo haría?

La respuesta está en el registro aurático del cuerpo de Maradona: la cercana presencia de un lejanía, el ritual de su épica, la canonización del héroe posmoderno. Todo ello ha convertido a esa camiseta en una preciada reliquia, cuyo valor de culto encuentra una fuerza opuesta en la comercialización de un inglés que nunca la devolvió a su tierra de origen, evitando así que repose en el museo universal de los afectos.

En ese nuevo territorio de disputa nace una análoga petición de soberanía ante el ícono de una bandera a reconquistar.


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