Minerva

La serie española Merlí fue un suceso internacional durante sus tres temporadas emitidas. Siendo una producción catalana, logró trascender a partir de su difusión en Netflix, que la posicionó fuertemente en América Latina.

A través de 40 episodios, la historia se centra en la vida de un profesor de Filosofía -carismático, cincuentón, machista- que trabaja en un bachillerato y se involucra en la vida de sus adolescentes estudiantes, a los cuales frecuenta más allá de las aulas e incluso manteniendo vínculos de ruptura y continuidad con sus entornos familiares.

Por cada capítulo hay un filósofo de referencia, eje central del contenido que da vida a la trama. Sin embargo, la serie no es propiamente de filosofía, sino que por momentos presenta escenas de tragedia, comedia y drama, que dejan de lado esa pretensión reflexiva propia de la disciplina.

Sí es cierto que Merlí encarna el rol de un docente polémico, transgresor, irreverente, que rompe con las estructuras y provoca todo el tiempo. Eso lo lleva a sumar problemas pero también a aportar soluciones. Tiene una relación que genera admiración y rechazo en sus jóvenes, pero nunca deja de presentarse como una persona con miserias que no logra resolver. De allí, su aspecto más querible y humano.

Uno de los estudiantes que más lo sigue es Pol, un muchacho que es hijo de un padre estricto y una madre ausente. De condición humilde, asume que no nació para destacarse en la escuela y que debe buscar caminos alternativos para superar su condición de clase. Sin embargo, es el propio Merlí quien lo motiva a una existencia mejor, con chances de progreso y dignidad.

De ser un destacado partenaire, el personaje de Carlos Cuevas se convierte en el protagonista principal del spin-off de la serie de dos temporadas, que entre 2019 y 2021 llevó por nombre Merlí Sapere Aude («Atrévete a saber»).

En este nuevo envío, la serie continúa con sus amplias referencias a la sexualidad, pero lejos de los culebrones de la adolescencia propone los conflictos del mundo adulto, con mayor sentido político en el contexto de la universidad.

El elenco tiene como revelación a la actriz argentina Azul Fernández en el rol de Minerva, una estudiante rioplatense que llega a Barcelona para seguir la carrera de Filosofía, mientras debe sortear sus dificultades económicas trabajando en un bar donde el dueño la explota.

Más allá de una clara estrategia comercial -Argentina es uno de los países donde mayor recepción tuvo la serie-, el personaje de Minerva exacerba las cualidades estereotipadas del porteño de Buenos Aires: rebeldía, jactancia, soberbia; y esa particular oscilación entre el desencanto y el optimismo.

La actuación es brillante, al punto tal que se convierte en uno de los pilares de la primera temporada del spin-off (luego, por la pandemia de Covid-19, la actriz no pudo salir del país para seguir grabando).

Sin embargo, el guión abusa de expresiones propias del argentino que vive en las metrópolis («boludo», «mierda», entre otras), algo que no necesariamente suma a la intepretación identitaria que se pretende lograr del personaje.

Minerva viene a desenmascarar la idiosincrasia del argentino, capaz de agitar en aquellas movilizaciones sociales que reclaman mejoras en la educación como de incurrir en la queja cuando la realidad viene esquiva.

Mientras espera una beca para mantenerse económicamente, comienza a preguntarse sobre qué está haciendo tan lejos de su tierra.

Quedarse o volver es en un momento su cuestión.

Y todo ello invita a la reflexión de si todas aquellas mentes lúcidas que estudiaron gratuitamente en Argentina, graduándose en instituciones de Nivel Superior, le deben algo al país.

En tal caso, el problema es ético y político.

El deseo de vivir en Europa o Norteamérica contrasta con las realidades de una patria que necesita de sus propios ciudadanos para resolver los conflictos que ls atraviesan.

Una cosa es viajar como turista; otra, partir para prepararse y regresar con una misión. Muy distinto es perseguir un objetivo meramente personal en nombre de una travesía emancipatoria.

A veces -y teniendo en cuenta excepciones-, defender sueños individualistas mientras se habita la aventura de ese Primer Mundo que vive a costa de los sectores emergentes del planeta no parece ser una actitud demasiado revolucionaria.

Foto: @ sermirandaphoto (Instagram)


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