El Boleto Universitario

Por estos días, los estudiantes universitarios lograron la vigencia de un derecho que les pertenece.

Tras estar suspendido durante la pandemia, vuelve a implementarse la gratuidad del boleto para viajar en micro, lo cual garantiza la continuidad de 300 mil estudiantes en las unidades académicas (nacionales y provinciales) de gestión pública, pertenecientes a la provincia de Buenos Aires.

Esta conquista social -que nuevamente asume el carácter de histórica- pone una vez más en evidencia la dificultad para mantener una política de Estado que jamás debería ser puesta en duda. Renegociar, impulsar, protestar, siguen siendo aspectos que se sostienen por el compromiso irrenunciable de estudiantes capaces de mantener la memoria, guía e inspiración de los jóvenes de la Noche de los Lápices, quienes son referentes en cuanto a la defensa de los derechos estudiantiles a través del tiempo.

Al convenio con el Ministerio de Transporte adhieren, por el momento, 18 universidades nacionales (Universidad Nacional Arturo Jauretche, Universidad Nacional de Avellaneda, Universidad Nacional de General Sarmiento,  Universidad Nacional de Hurlingham, Universidad Nacional de José C. Paz, Universidad Nacional de Lanús, Universidad Nacional de La Matanza, Universidad Nacional de La Plata, Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Universidad Nacional de Luján, Universidad Nacional de Moreno,  Universidad Nacional del Oeste, Universidad Nacional de Quilmes, Universidad Nacional de San Martín,  Universidad Nacional de Tres de Febrero, Universidad Nacional de Ezeiza; mientras que solicitaron su adhesión la Universidad Nacional Raúl Scalabrini Ortiz y la Universidad Nacional Guillermo Brown). La inversión ronda los 2500 millones de pesos y reactualiza la Ley N° 14.735, sancionada el 1 de julio de 2015. Cabe destacar que también incluye los Centros de Formación Profesional, los Bachilleratos de Adultos y las instituciones educativas de gestión privada.

Resulta imprescindible mantener las convicciones en tiempos de crisis y oleadas neoliberales, con recortes presupuestarios alarmantes para saldar deudas con el FMI, ese organismo global que a través de la falacia de la solidaridad esclaviza y empobrece a los pueblos emergentes.

Nunca ha de concebirse a la educación como gasto sino como inversión. Si las sociedades postergadas pueden proyectar con algo de optimismo su futuro, es gracias a la igualdad de oportunidades para que un mayor número de personas pueda acceder a la preparación de excelencia que brindan las universidades del país, acaso uno de los reservorios más destacados que, en su tradición centenaria, tiene nivel de Primer Mundo.

En Argentina, las comunidades universitarias -especialmente públicas- continúan siendo fuertes en cuanto a su organización interna, vocación de transformación y compromiso social, además de un modelo que prácticamente funciona en paralelo a otros ámbitos de la comunidad. De allí la necesidad de acortar distancias y pensar proyectos de extensión que abracen a distintos sectores de la población.

Los primeros meses del año resultan movilizadores porque hay gran flujo de jóvenes que emigran de sus lugares de origen y buscan otros espacios cerca de las universidades: habitan pensiones, alquilan departamentos, asisten a comedores y hacen uso de bibliotecas o centros de deportes.

Sueñan con un país mejor.

Logran dar lo mejor de sí.

Saben que la sociedad los necesita.

Y en unos años, le devolverán a la sociedad lo que aprendieron.

Por eso mismo, ¿quién se atrevería a negarles la posibilidad de trasladarse?


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