Vivir con miedo

Desde la recuperación de la democracia, ningún gobierno ha sabido dar respuestas fehacientes a las problemáticas de violencia e inseguridad en Argentina.

¿Por qué una parte de la población se comporta así? ¿Es un asunto de leyes? ¿Se naturalizaron prácticas delictivas?

En la transgresión de la norma intervienen diversos factores, como por ejemplo, los criterios de vulnerabilidad de quienes viven injusticias; el resentimiento de aquellos grupos que ante la adversidad pretenden imponer sus propias reglas sin medir las consecuencias; y el vacío de una vida sin proyectos ni aspiraciones.

Es importante dar cuenta de una complejidad y no de un facilismo. Las exigencias para que «se vayan todos» o la «mano dura», lejos de promover soluciones agudizan el conflicto.

En el país, desde su fundación, es histórica la disputa entre clases; y esa tensión podría sintetizarse en cinco momentos: las luchas independentistas (que enfrentó a criollos y extranjeros), la conformación del Estado-Nación (que incluyó la denominada Campaña del Desierto, persecución a habitantes oriundos de pueblos originarios), el surgimiento del peronismo (que amplió derechos a los sectores populares), la última Dictadura Militar (símbolo de la violencia institucional en su máxima y atroz expresión) y la crisis de 2001 (estallido social que puso en crisis las formas de hacer política en Argentina hasta ese momento).

Desde hace décadas, una idiosincrasia se instaló a partir de la difusión masiva de actos de vandalismo en las calles, las agresiones entre panelistas de TV que gritan su verdad como si fuera única y la feroz confrontación entre medios hegemónicos que responden a opuestos intereses. Todo ello reproduce las formas que el común de la sociedad tiene para expresar su disidencia.

La clase dirigente tampoco ayuda pq devino habitual descalificar al que piensa distinto apelando a discursos de odio.

Sin políticas públicas de inclusión, desarrollo y respeto por la diversidad, será imposible hallar una salida; pero además ellas deben ir acompañadas de justicia social, otro asunto pendiente.

Si aun así cada ciudadano continúa repartiendo culpas ajenas y no propias, nada cambiará.


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