«Román» y «Riquelme»

«Con Diego voy hasta el fin del mundo pero con Maradona, ni a la esquina».

El que habla es Fernando Signorini. Su voz en off ilustra uno de los más bellos pasajes del documental que Asif Kapadia realizó sobre la figura más representativa del fútbol argentino.

El Ciego decía que «Diego» era el pibe humilde de Villa Fiorito: pícaro, atorrante, familiero; y que «Maradona» fue ese personaje que se inventó para sobrevivir a la presión, el asedio y las estigmatizaciones.

Salvando las enormes distancias, la misma distinción entre nombre y apellido podrían aplicar a Juan Román Riquelme, alguien más que un ídolo: leyenda y bandera de ese fenómeno popular de dimensiones inconmensurables llamado Boca Juniors.

«Román» es el adolescente oriundo de la postergada Don Torcuato, alguien que a los 18 años de edad se hizo cargo de toda su familia (hijo de padres muy jóvenes y el mayor entre ocho hermanos; y casi en simultáneo fue pareja de Anabella, con quien tuvo a Florencia y Agustín). También es el fan del mate y los asados; fiel amigo; guía de los juveniles que llegaban a Primera, a quienes les regalaba botines, invitaba a su casa o asesoraba en sus contratos. Dicen que se caracterizaba por ser muy atento con aquellos personajes casi invisibles del club: por ejemplo, utileros y cocineros.

Mientras tanto, «Riquelme» es el 10 de Boca, su capa de superhéroe inoxidable. La estampa brillará por siempre, aunque los colores lentamente vayan convirtiéndose en el sepia que evoca la nostalgia del pasado. La influencia de conducir como líder y estratega los hilos de un equipo que con su presencia agigantó su gran historia le han dado una investidura que le permitió ganar posiciones ante los poderes de turno.

Román sólo jugó a la pelota y Riquelme suele practicar otro deporte: declara hábilmente ante la prensa que construye un estereotipo negativo en torno a su figura, no pacta con los barras y sin haber terminado la escuela es capaz de derrotar a los focos de la aristocracia.

¿Se trata de una persona conflictiva? Quién sabe. En el peor de los casos, miserias tenemos todos.

«Lo más importante es que vos estés contento», le dijo hace poco a un niño con discapacidad que fue a visitarlo y lloró al ver a ambos: a Román y a Riquelme.

(A veces, uno pierde de vista que estas personas tuvieron orígenes difíciles y empezaron a tomar fuertes decisiones a muy temprana edad; tener en cuenta el contexto es clave para mirar con amplitud).


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