Necesidad y oportunismo

Lautaro Villagra es un adolescente de 14 años de edad que vive en la localidad rural de Punta de Balasto, a 400 kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca.

Para ir a la escuela se trasladaba en un burro como medio de transporte, pero al fallecer el animal su derecho a la educación se vio vulnerado, con lo cual debió abandonar forzosamente sus estudios.

Su historia se dio a conocer hace unos días, cuando se viralizó una noticia que por el impacto induce a la confusión ya que está encubierta en la empatía: al enviar un dibujo que muestra el periplo de los 8 kilómetros que debe hacer diariamente para llegar a la institución educativa donde está inscripto, ganó el concurso «De mi casa a la escuela», organizado por la Fundación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (FUNDATRE) y el Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE).

El premio consistía en acceder a una bicicleta, beneficio que también alcanzaba a los compañeros de quien resultara elegido.

Rápidamente, las autoridades organizaron un evento para presentar a la comunidad lo que consideraron una conquista social.

Muy contento, Lautaro recibió las felicitaciones y compartió con sus pares la alegría. Todos juntos posaron con sus flamantes donaciones.

Sin embargo, en el tratamiento de la noticia se evita una segunda lectura que requiere de su correspondiente análisis mediante algunas preguntas pertinentes:

¿Cómo puede ser que en esta actualidad sigan habiendo personas imposibilitadas de asistir a la escuela?

¿Por qué, en muchas ocasiones, el Estado desatiende sus roles principales?

¿Es realmente solución repartir bicicletas para hacer un trayecto igualmente largo en zonas montañosas?

¿Alguien previó los peligros de esta decisión?

¿Qué festejan los impulsores de la iniciativa?

Resulta igualmente preocupante establecer como criterio para garantizar justicia y equidad tener que ganar un concurso a través de una competencia. ¿Y los perdedores?

Lautaro y sus compañeros se merecen lo mejor, no que los sigan maltratando dirigentes con vehículos de alta gama. En su contexto, recibir bicicletas para llegar a la escuela, más que premio es un castigo.


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