¿Cuál Filosofía?

Debería haber un término medio, tal como proponía Aristóteles, porque estar en los extremos no es sabiduría.

La masividad que alcanza la filosofía a esta altura del S XXI es tan necesaria como preocupante.

Esa crítica feroz de cuestionar el lugar selecto y elitista de una disciplina concentrada en círculos reducidos del saber, tuvo su transformación con ayuda de Internet.

Desde entonces, ser filósofo no está exclusivamente asociado a una actividad masculina, como tampoco queda reducida a obtener un Doctorado en unidades académicas.

El horizonte asume otros alcances y llega hasta docentes de primaria o secundaria que se animan a trascender las fronteras de las aulas; o a profesionales universitarios que tienen criterio y sensibilidad para abordar temas actuales con categorías filosóficas.

Es así que la filosofía se expande en la industria cultural mediante difusión de libros acordes a esta época (breves, dinámicos, de impacto); columnas en diarios, revistas y programas de radio; junto a espectáculos teatrales o series de TV (con la referencia de Merlí, suceso de la plataforma Netflix).

Entonces, la buena noticia que traía la difusión de un saber popular nacido en las calles con Sócrates, encierra también un problema: su banalización.

Si un reconocido conductor de TV cita fragmentos descontextualizados de lo que lee, jactándose al aire de estudiar la carrera de Filosofía, y forzando relaciones entre sus autores de solapa con la agenda de los programas que encabeza, basados en el panelismo, hay una limitación que va en detrimento de la filosofía.

Y si a ello le sumamos la incorporación del hijo de una figura del espectáculo a un destacado envío radial, la ecuación tampoco cierra pq este joven demuestra ocupar un espacio en los medios muy probablemente por algún contacto que haya tenido, quitándose la posibilidad a otra persona más idónea.

No se trata de hacer meritocracia sino de dignificar un saber que según la UNESCO es un derecho.

Lamentablemente, esa banalización hace que algunos docentes pierdan el eje y diseñen clases en bachilleratos con una alarmante rigurosidad que no prepara a ciudadanos para vivir en sociedad.

📸 Fernando Vicente


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