La verdadera derrota

En su cuenta de Twitter, el periodista platense Pablo Morosi compartió una imagen en la que se observan personas indigentes durmiendo en un lugar abierto. A ese dolor social lo acompañó con el siguiente mensaje: «El país que no festeja triunfos ni derrotas electorales».

Ayer fueron las Elecciones Legislativas en Argentina, esas votaciones de medio término entre las Presidenciales, que permiten medir el pulso de las fuerzas políticas a nivel nacional, provincial y municipal.

El Frente de Todos, partido oficialista que gobierna el país desde 2019, tuvo un duro revés, confirmándose así la tendencia de las PASO de hace unas semanas.

Nuevamente, la mayoría del electorado se inclinó por la coalición Juntos por el Cambio, que gana posiciones para recuperar la fugacidad de un mandado que sólo reinó a gran escala entre 2015 y 2019.

Desde hace rato, y como en otros lugares del mundo, la disputa está planteada entre las opciones con inclinaciones hacia la izquierda y la derecha.

Dos partidos hegemónicos se disputan el poder, pero detrás de ellos comienzan a encolumnarse distintas versiones, con La Libertad Avanza y el Frente de Izquierda intentando asomar como alternativas.

A Argentina le está pasando lo que a otros países de América Latina. La población apoya a un partido, se desencanta y elige al principal candidato opositor sin escrúpulos en asumir contradicciones ideológicas. Es así hasta que sucede lo mismo pero a la inversa para que el círculo comience nuevamente.

Lo que sucede es que el populismo se está quedando sin excusas: lleno de dudas y deudas, no logra paliar una pobreza que crece exponencialmente y alcanza a la mitad del total de la ciudadanía, no genera empleo ni garantiza otros derechos.

Por su parte, la rebeldía -quién lo hubiera imaginado- se volvió conservadora: pretende endurecer las penas, portar armas y negociar rápidamente con el FMI, para instalar una falaz sensación de estabilidad.

Lo cierto es que tal vez estén cayendo los relatos.

Sin líderes ni soluciones, mueren las ideas y las expectativas de un dichoso porvenir.

Mientras tanto, a muchas otras personas se les está yendo una vida vacía de dignidad.


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