Bajo el mismo cielo

En una escena de Waking Life (2001, dirigida por Richard Linklater) hay un cameo que pone en escena a la pareja protagonista de la trilogía del mismo autor (1995, Antes del amanecer; 2004, Antes del atardecer; 2013, Antes de anochecer).

Ambos dialogan sobre el paso del tiempo y él le dice a ella que, estrictamente hablando, nunca seremos más jóvenes que hoy.

Filosóficamente, la finitud es un problema porque va emparentada con ideas tales como la libertad, el destino, el deseo, la angustia y la frustración.

En ocasiones subyace una preocupación que paradójicamente está llamada a dar sentido a la existencia: la necesaria toma de decisiones, las cuales pueden salir bien o mal.

El asunto pasa por asumir los riesgos que implica arrojarse a los vacíos de la incertidumbre y, en todo caso, proponer enfoques superadores, porque mientras unos asuman el error como un fracaso, habrá quienes serán capaces de hallar una oportunidad en él.

Sin embargo, no todo razonamiento lógico podrá ser sometido a prueba. ¿Qué sería la seguridad? A lo mejor, una creencia.

Si creer es delegar cierta confianza, ello implicaría apelar a una energía capaz de mover alguna de las tantas estanterías que tiene el universo.

Por ejemplo, ver llorar a alguien supone, cuanto menos, el respeto de callar ante una emoción muy fuerte que alguien esté atravesando en su propia biografía.

Puede ser de tristeza.

Puede ser de alegría.

Puede ser de una oscilación entre las dos.

Pero muy probablemente, la mayor prueba transformadora de las decepciones más profundas sea poder autogenerar la capacidad de recuperarse ante las dificultades y ese estado de expectativas que terminan desvaneciéndose por motivos muy diversos.

Los seres queridos que veas partir, la pérdida de alguna amistad, el olvido de quienes son felices prescindiendo de tu ser, los trenes que dejaste pasar y las caídas que te tengan como reincidente, son muestras más que significativas para dar cuenta de que es imposible someter el mundo a tus deseos; pero, a pesar de ello, nada es en vano si cada cual se anima a ser dueño de sí mismo.

(Reflexión que me surgió a partir de la lectura de Adiós, humanidad: Historias para leer en el fin del mundo, de Gonzalo Senestrari y publicado en 2020).


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