Los misterios de Gardel

Acerca del protagonista hay referencias que no dejan lugar a dudas:

La sonrisa blanca y prolija.

Sus ojos seductores.

El pelo engominado.

La voz inconfundible.

Esa facha de muchacho metropolitano, con éxito precoz y dueño de un poder atribuido a su investidura de cantor admirado por los hombres y codiciado por las mujeres, lo han encumbrado a una fama contundente, capaz de extenderse más allá de su propio tiempo.

No obstante, aún subsisten profundos misterios en torno a su figura:

¿Cuándo nació?

¿Dónde?

¿Cómo fue su historia desde el principio hasta el final, en ese lapso de años que transcurren entre el día que despertó a la vida y el trágico desenlace de aquel vuelo estrellado, cuyos restos se perdieron en Medellín, Colombia, un 24 de junio de 1935, en pleno auge de su popularidad?

Los testimonios varían y dan impulso a un acalorado y latente debate por la apropiación de uno de los renombrados tesoros de estas tierras.

Dicen que nació en Toulouse, Francia, en 1887 ó 1890; pero esa versión contrasta con quienes aseguran que es oriundo de Tacuarembó.

En la cuna del tango, Uruguay y Argentina se lo disputan, como si el Río de la Plata fuera ese lugar de transición que engendró su leyenda.

Hay algo claro: un mito crece cuanto más se desconoce de él.

Al parecer, el propio Gardel tampoco hizo mucho para apartarse de esa confusión general.

Se cuenta que fue hijo de Marie Berthe Gardés, una humilde mujer que escapó de Francia por la vergüenza de ser madre soltera y sin saber quién era el padre de su primogénito.

Así, habrían recalado en Abasto, una zona de la porteña y acaudalada Buenos Aires que daba asilo a extranjeros con promesas de dichoso porvenir, escenario donde el propio Carlos comenzó a cultivar la pasión por el tango, su interés en el turf y un vínculo algo distante –pero vínculo al fin- con el fútbol.

Muy cerca de allí, en Avellaneda, el Racing Club e Independiente –archirrivales de barrio- continúan sembrando el interrogante por saber a qué equipo adhería el Zorzal. Muchas de las evidencias indicarían que empatizaba por la Academia, un cuadro ganador en la Argentina de principios del siglo XX, cuando Gardel era jovencito; y un motivo de jactancia que se adjudica la parcialidad albiceleste, habida cuenta de que la habladuría criolla sentencia que Juan Domingo Perón, ex Presidente de la Nación, también era uno de sus seguidores más reconocidos.

Por aquellos años, la historia le hace un guiño al destino. Existiría un pasaporte fechado en la década de 1920, cuando el cantor tuvo la oportunidad de salir de gira pero en su prontuario se inscribía una acción indecorosa que lo tuvo demorado en alguna comisaría de la localidad de Buenos Aires. A los fines de evitar esa mancha en el legajo y con las firmes intenciones de difundir su arte, se sospecha que tramitó una documentación que lo consagra como ciudadano uruguayo, decidiendo declarar su origen en Tacuarembó, 1890. Como se afirma en estos pagos, es creer o reventar.

Lo cierto es que si los caminos de Gardel y el tango iban por la misma senda; más tarde o más temprano, el fútbol se encontraría con él.

Ya célebre en Buenos Aires, su estadía en Montevideo despertó orgullo, respeto y devoción.

Gardel cantaba en los bares y hacía resplandecer al tango, dotándolo de una impronta particular que daría especial trascendencia a Argentina y Uruguay.

Era habitual que determinado público tanguero de Buenos Aires y Montevideo también iba a la cancha para alentar a su propio equipo de fútbol. De alguna manera, esa pasión de multitudes envolvió a El Morocho del Abasto.

Hace unos años, el club carbonero quiso poner una placa en homenaje a Gardel cuando inauguró el Estadio Campeón del Siglo, situación que disparó la polémica porque la afición de El Bolso lo cuenta entre los suyos. A tal efecto, tiene un haz en la manga: cierta vez, el enorme Carlos estuvo en las tribunas del Gran Parque Central –vieja cancha de Nacional- para ver un partido del tricolor frente al Barcelona de España, con victoria 3-0 para el conjunto charrúa. Un día antes, el mismo rival enfrentó a Peñarol pero el cantor no presenció el cotejo. ¿Es suficiente para decretar autenticidad de amor?

Dejando constancia de aquel suceso, el club Nacional tomó cartas en el asunto y construyó –en 2013- un monumento a partir de la seguridad de los hechos: no es suposición ni dato incomprobable que el Zorzal dijo presente en 1928, sentado en sus tribunas. Allí luce hoy la estatua formando parte de la grada, con sombrero de época e impecable traje, vistiendo corbata y un pañuelo rojo en el bolsillo izquierdo de su elegante saco.

Sin embargo, algunas investigaciones recaban voces de un íntimo amigo de Gardel, según las cuales el cantor simpatizaba por Racing en Argentina y por Peñarol en Uruguay, ya que ambos eran sinónimos de “pueblo”.

Los últimos años de Gardel coinciden con los comienzos del fútbol como evento internacional que pronto se profesionalizaría en el Río de la Plata. A mediados de 1930, la primera Copa Mundial organizada en Uruguay lo tiene como invitado especial de las delegaciones del combinado anfitrión y de Argentina durante la competencia: al principio visitó a los gauchos y antes de la final a los locales. ¿Se puede sacar conclusiones sobre sus deseos de campeón en el enfrentamiento Uruguay vs Argentina, decisivo por el título?

Recitó algunos tangos, visitó ambos campamentos y buscó hermanar a unos y otros.

Sin embargo, no pudo evitar la rivalidad.

Estas apariciones de Gardel hablan de una época fundacional en las historias de uruguayos y argentinos, habitantes de países que recién transitaban sus primeras centurias como soberanos.

Se trató de un momento heredero de una tradición con valores ancestrales, cuando ser futbolero era asunto exclusivamente de hombres rudos, fuertes y valientes; y dedicarse al tango representaba la declaración derrotista de esas aventuras que para no mostrar la debilidad del llanto, simplemente se cantaban con pedantería para exponer el dolor, la pérdida y el abandono.

Gardel es testigo y referente de un estereotipo de masculinidad que un siglo después va cediendo a otras formas de ser persona.

Al tango y al fútbol de hoy, también lo vocalizan, juegan y presencian las mujeres; quizás la más importante certeza entre tantos misterios que circulan acerca de este personaje que cada día canta mejor.

(Publicado en la revista Túnel de Uruguay, N° 37, noviembre-diciembre de 2020).

Foto: Infobae


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