El Método Merkel

Angela Dorothea Kasner (Hamburgo, Alemania, 1954) sigue utilizando el apellido de su primer esposo, Ulrich Merkel, con quien contrajo matrimonio según la fe religiosa en 1977, divorciándose cinco años después.

Por aquel entonces, ya era una académica destacada, doctorándose en Física por la Universidad de Leipzig.

Habiendo crecido en la Alemania comunista, Merkel empezó a incursionar en la escena política grande como afiliada al partido Demócrata Cristiano en 1989, el mismo año de la Caída del Muro de Berlín.

Con sapiencia, disciplina y criterio, fue escalando posiciones hasta llegar a la cancillería del país germano en 2005, máxima distinción como autoridad gubernamental de la Nación.

Desde ese momento y hasta la actualidad, condujo los destinos de un gigante de la Unión Europea durante cuatro mandatos consecutivos, que expiraron con las elecciones del pasado 26 de septiembre, cuando el social demócrata Olaf Scholz se impuso como relevo a su dirección.

En su retiro programado y voluntario, Merkel fue valorada por una gestión prolija, honesta y abierta al diálogo, caracterizándose su época como el de las grandes crisis: la climática que marca tendencia tendencia en este siglo, la económica de Europa con el brexit incluido, la de los refugiados a los que les dio asilo y la del Covid-19.

Sin embargo, los cuestionamientos pasaron por cierta predisposición conservadora en cuanto a las transformaciones profundas, su tardía declaración como feminista y la falta de políticas más estructurales para incluir a las minorías étnicas.

Hay quienes ponen en duda su real valía al mando de un país potencia, que tiene autonomía propia sin depender de los dirigentes políticos de turno al ser regímenes no presidencialistas.

En todo caso, su método consagró la victoria de la sensatez para que el funcionamiento general no se resienta.

Se va con el respeto de propios y extraños. Deja la vara muy alta en un tiempo que inauguró la presencia de mujeres en lo más alto del poder a nivel mundial.

No quedará sometida al escarnio público ni será parte de una casta que busca eternizarse. Como bien titula la revista germana Spiegel: «Geschafft» («Hecha», algo así como: «Misión cumplida»).


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