Charly cumple 70

Hay artistas que no necesitan estar en los primeros puestos de los rankings para ser considerados los mejores. Dejan una huella indeleble en la historia de sus comunidades de origen. Trascienden al tiempo por ser únicos e irrepetibles.

Carlos Alberto García Moreno (Buenos Aires, 1951) es una tautología: sólo se parece a sí mismo, carga con su propia leyenda y es inmune al olvido.

Genio. Transgresor. Influyente.

Dueño de una obra ecléctica y conceptual , muchas de sus composiciones se inscriben en la memoria popular de los argentinos. Siguiendo un orden cronológico, algunas de las que se podrían mencionar son las siguientes: «Rasguña las piedras» (1973), «Viernes 3 AM» (1979), «Canción de Alicia en el país»(1980), «Yendo de la cama al living» (1982), «Inconciente colectivo» (1982), «Nos siguen pegando abajo» (1983), «Los dinosaurios» (1983), «Promesas sobre el bidet» (1984), «Demoliendo hoteles», «Rezo por vos» (1987).

En Charly García, sus excentricidades y polémicas nunca deben dejar de lado un aspecto que tiñe de mística a las estrellas de rock: hablamos de alguien que se ha posicionado históricamente desde la denuncia y la resistencia; de allí el valor de su valentía como músico comprometido que asume causas capaces de ir más allá de su propia vanidad, visibilizando el descontento y las injusticias en los oscuros tiempos de la represión.

No pasa indiferente. Es admirado, respetado, idolatrado. El maltrato no le ha llegado desde el público que sale de gira por los recitales, sino de algunos sectores hegemónicos (prensa includa) que insisten en sus deseos de que la sociedad se someta a un manual de buenas costumbres y obediencia.

Charly cumple70 años en un contexto de más aplomo y tranquilidad, lejos de los excesos y algunas decisiones que lo acercaron más al personaje capaz de ser «un profesional del escándalo» (como ha dicho alguna vez) que al formidable músico, acaso principal referente del denominado rock nacional.

Se tiró desde el 9° piso de un hotel a una piscina, destrozó instrumentos en los escenarios, reaccionó mal ante el acoso periodístico; pero las mejores provocaciones son las de sus letras y melodías.


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