Jugar en Primera

⚽️ “Yo soy un agradecido de Gimnasia. Desde el primer día que debuté ante independiente hasta hoy, el afecto que me da (la gente) es increíble».

⚽️ “Gimnasia era mi sueño. Iba a la cancha desde chiquito, primero en la B y después en Primera. Yo vi a varios jugadores que eran mis ídolos, como el equipo de 1984. Charly Carrió era mi ídolo, yo estaba enamorado de todos. El que hacía el gol el fin de semana era mi ídolo».

⚽️ «El técnico de inferiores era Alberto González y a mi me suben de Séptima a Primera. Viene él y me dice: «te vas a tomar dos semanas de vacaciones porque el técnico de Primera me pidió dos jugadores».

⚽️ «Fuimos de pretemporada y para mí era un sueño. Entré y comía en una punta, ni hablaba y estaba en una habitación con varios grandes y me trataban bárbaro».

⚽️ “Con los años tomé dimensión de lo que viví porque en mi familia y mi grupo de amigos somos todos hinchas de Gimnasia, no había de otro equipo».

El último 6 de octubre se cumplieron 30 años del debut de Guillermo Barros Schelotto en el fútbol profesional, haciendo su estreno con los colores de Gimnasia y Esgrima La Plata.

Como futbolista marcó una época, resultando pintoresco para la afición. Se destacó por ser gambeteador, pícaro e irreverente. Además, fue ídolo en los tres clubes donde se desempeñó durante una carrera que duró dos décadas (aparte de jugar en el Lobo, es leyenda en Boca y figura en Columbus Crew de EE.UU.).

De clase media, hijo de un médico y una maestra, con hermanos graduados en la universidad, pudo haber seguido estudios de nivel superior, pero eligió otros caminos con su gemelo Gustavo. Hoy, ambos son entrenadores.

Probablemente, a su trayectoria le falten dos momentos: uno, regresar otra vez a Gimnasia pero en el rol de DT, para lograr algún hito importante que lo consagre como gloria indiscutible, tras la frustración por el título esquivo en 1995 y el descenso de 2011, la última imagen de sus días como jugador; el otro, volver a Boca como conductor del plantel profesional, para tener revancha y obtener la Copa Libertadores, más allá de su buen paso en el cargo.

A veces hay enormes trayectorias que penden de un hilo, sobre todo cuando en un país tan futbolero y exitista como Argentina suceden reveses que ponen en jaque los sueños siempre invictos de la infancia. El hincha demanda porque desde su incondicionalidad da hasta lo que no tiene. En su aspecto cruel, nunca está satisfecho aunque acumule alegrías. En esa perversa lógica, los ídolos resisten como pueden.

Barros Schelotto es uno de ellos, y aunque tenga deudas públicas e internas pendientes, permanecerá en la memoria colectiva como una de las máximas celebridades que regó de talento y desparpajo las canchas argentinas.


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