Contra todos

Las imágenes son de 1985, acaso el peor momento del Doctor Bilardo como DT de la Selección Nacional.

Cumplido el objetivo de clasificar angustiosamente al Mundial de México 86, las críticas (violentas, acérrimas, dogmáticas, con operaciones de prensa de por medio) no cesaban.

Una feroz disputa enfrentó al periodismo hegemónico de la época (liderados por Clarín Deportivo y la revista El Gráfico) con los pocos sectores que defendían al entrenador.

El ánimo social estaba enardecido, en parte fogoneado por programas de TV como Polémica en el Fútbol, iniciadores de una tradición que tres décadas después sostiene un formato basado en panelistas que gritan en vez de reflexionar, buscando ser noticia sin importar el contenido pero sí las formas (denigrantes, vacías de ideas, irresponsables).

El corrillo popular era que entre el público había extras situados estratégicamente en distintos lugares para vender su opinión al mejor postor.

La presencia de Bilardo en el estudio fue la comidilla de una forma de ejercer el oficio llamada a pegarle al caído. Como si fuera una emboscada, lo acusan en plena emisión de infiltrar a personas de su entorno para hacerle preguntas que lo favorecieran y atenuar el impacto de los cuestionamientos.

Si bien la mitología popular nunca desmintió tal presunción, resulta un escenario inusual en estos tiempos la presencia de una figura del fútbol nacional defendiéndose solo y en primera persona ante los embates y faltas de respeto de un colectivo dispuesto a hacer daño, procediendo en grupo para humillar por mayoría.

El Doctor Bilardo fue al frente: «No lo conozco, no lo conozco y no te conozco», dijo señalando a quienes lo interpelaron en vivo, desligándose así de toda acusación.

La profecía es una perla del archivo: promete volver tras del Mundial para demostrar que «yo no soy perdedor, soy ganador».

Al año siguiente, con un Maradona brillante, condujo la victoria más grande del fútbol argentino. El resto, es historia.

Bilardo es ícono por esa combinación tan particular entre el universitario que se graduó como médico y el tipo de barrio (con calle y poder de convencimiento) que siempre estuvo muy seguro de sí mismo.


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