En algún lugar del mundo

Uno de los más peligrosos flagelos del planeta es el crimen organizado, conjunto de células delictivas que operan en las sombras sin dejar rastro aparente y se llevan las vidas de personas inocentes, destruyendo así no sólo familias sino también sociedades y generaciones.

Por estos días (26 y 27 de septiembre) se cumplen 7 años de la tragedia de Ayotzinapa, como se conoce a la desaparición forzada de 43 estudiantes de una escuela normalista de la región de Iguala, México.

Los jóvenes, provenientes de una zona rural y dispuestos a reivindicar luchas sociales, habían tomado micros para participar de marchas conmemorativas a la Masacre de Tlatelolco, sucedida el 2 de octubre de 1968 como consecuencia del movimiento estudiantil de junio de aquel año, en que las fuerzas de seguridad del gobierno estatal reprimieron a universitarios.

Sin embargo, nunca llegaron a destino.

Alguien interrumpió su paso y desde entonces no se supo más acerca de ellos.

La presidencia de Andrés Manuel Lopez Obrador, al tercer día de su mandato en diciembre de 2018, decidió crear la Comisión por la Verdad en este caso, reuniéndose con familiares de las víctimas.

Desde entonces, los pocos avances en las investigaciones han determinado la existencia de algunos restos fósiles (de al menos tres de las víctimas) que fueron identificados por especialistas, entre los que se encuentra el Equipo Argentino de Antropología Forense.

En cada día sin novedades crecen la angustia y la sensación de impunidad.

Sin cuerpos no hay muerte ni duelos. Sólo un conjunto de voluntades, cientos de miles, que se reúnen para visibilizar las ausencias y sentenciar que aún ante el más triste de los escenarios, en está parte del mundo habitan comunidades que no olvidan, haciéndose fuertes en el dolor, y confirmando que si hay poder perverso y encubridor, también hay resistencia digna.

Los procesos de memoria cultivan esa paradoja de consolidarse en tanto pase más el tiempo.

Si los pueblos logran entender que ninguna injusticia envejece, podrán estar en mejores condiciones para superar adversidades.

No olvidar es saber que una marca del pasado, tan cruel como sangrienta, todavía se expande en el presente; en esta ocasión, desde 2014 hasta la fecha.

Foto: Ayotzinapa Vive (Instagram)


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