Conciencia ciudadana

No cualquier persona llega a un siglo de vida con lucidez para discernir y voluntad de pertenecer a una instancia que muchos asumirían como tiempo de descuento.

A tal perspectivismo, hay una ancianidad dispuesta a invertir los valores relativos: cada día en el aquí y ahora no es uno menos sino uno más.

El último domingo, las elecciones legislativas a nivel nacional pusieron en escena dos historias que trascendieron a una mera nota de color en los principales medios.

Un hombre de Buenos Aires y una mujer de Mendoza, ambos con 103 años de edad, decidieron dar el presente para emitir su voto, aún siendo exceptuados en la obligatoriedad de asistir, algo que la ley contempla para los mayores de 70 años.

Con dificultades para movilizarse, su presencia despertó la admiración de quienes nunca serían indiferentes ante tal acto de responsabilidad ciudadana.

En una sociedad que descree de la política partidaria por dirigentes que parecen no estar a la altura de la democracia, estos gestos dignifican tanto como alientan a revisar las concepciones de quienes quedan alojados en la comodidad de sus escepticismos.

¿Qué argumentos convincentes podría esgrimir alguien inscripto en un padrón electoral para renunciar a un derecho de tal magnitud?

¿Por qué negarse a un deber que con mayor énfasis habría que defender, sobre todo en un país atravesado por el despotismo, la violencia, las desapariciones, las muertes y demás atrocidades, en la versión más oscura de su pasado reciente?

¿Cómo podrían resolverse las tensiones entre las falsas promesas y las expectativas individuales?

El filósofo francés Charles Pépin afirma que el perfeccionamiento de la democracia depende de la conciencia de sus habitantes.

Dejar que otros decidan por cada uno es no haber entendido nada, incurriendo en la queja peligrosa, con una doble moral que acusa a la clase dirigente de todos los males sin examinar las miserias propias.

La democracia es una construcción colectiva que se sostiene con gestos, palabras, pensamientos y sueños de libertad. Mirar para otro lado es conspirar en contra de ella. Al bien común nunca se llega mediante el egoísmo, la ignorancia y la indiferencia.


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