Cada vez más lejos

José San Martín (1778-1850) fue más que un prócer. En Argentina está considerado uno de los padres de la patria y probablemente haya sido el ciudadano más destacado, imprescindible y esencial de nuestra historia.

Chile y Perú también lo reconocen.

Su vida será siempre asociada a la liberación de los pueblos de América Latina, un logro que por aquel tiempo tenía tintes de proeza.

La idea de Nación necesitó de una figura ejemplar para construir su propia concepción de patriotismo.

Él y Belgrano, probablemente con Sarmiento (al margen de las polémicas que giran en torno a su persona), son los grandes protagonistas de la política argentina del siglo XIX. Los héroes de la Revolución de Mayo y Juan Manuel de Rosas, también; pero el relato los postergó a otro lugar.

Lo que siguió luego fue la épica de un personaje sin igual, con valores humanos como la lealtad, el amor y la libertad, sumada a esa valentía de haber diseñado el plan estratégico de cruzar los Andes con un ejército preparado para combatir a los invasores.

Sus problemas de salud y el final triste, con un fallecimiento en el extranjero, condenado casi al olvido y sin disponer de grandes riquezas, dan aliento a un perfil según el cual siempre se puede ser más grande, sobre todo en la adversidad.

Pero si hay algo que deja la vida y obra de San Martín es la enorme distancia (cada vez mayor) con las autoridades políticas de un país que tuvo la oportunidad de despegar como nunca antes hacia mediados del siglo XX y que desde hace décadas se desploma sin saber curar sus propios traumas.

Desde hace décadas, ningún político parece haberse acercado a la integridad moral, la sabiduría social y la cintura ideológica de un emblema como él, capaz de reunir la voluntad de las mayorías.

Es probable que su imagen esté por demás idealizada, casi hasta la exageración; no menos cierto resulta el hecho de que el contraste se vuelve enorme por una clase dirigente que de muchos años a esta parte gobierna a espaldas a esa gente que, entre ingenua, esclava y engañada, le otorga un voto y su confianza a cambio de falsas promesas.


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