El frío

Un 3 de agosto de 2018, la docente Sandra Calamano y el auxiliar Rubén Rodríguez estaban acondicionando la Escuela 49 de Moreno (provincia de Buenos Aires) para recibir a niños que sólo aguardaban recibir el desayuno y comenzar la jornada educativa. Sin embargo, una pérdida de gas ocasionó la tragedia inmediata.

La institución explotó llevándose el amor y la vocación de profesionales que vivían al servicio de un derecho que debe garantizar el Estado.

El hecho se emparenta con uno más reciente, de hace unos meses (29 de junio), en la Escuela Albergue 144 de Aguada San Roque, una pequeña localidad de Neuquén: a causa de otra pérdida de gas, la docente Mónica Jara falleció un par de semanas después de haber recibido el impacto, agonizando en Mendoza con alrededor del 70 % de su cuerpo quemado. Antes, Nicolás Francés (gasista matriculado) y su ayudante Mariano Spinedi habían perdido la vida en el acto.

Ambos casos todavía continúan impunes.

Los reclamos por Sandra y Rubén ni siquiera alertaron a las autoridades, porque nuevamente un lamentable y similar hecho similar volvió a ocurrir.

En estos días de regreso a las clases presenciales luego del parate invernal, hay escuelas de Argentina que aún no abren sus puertas porque las condiciones lo impiden (entre las varias fallas de infraestructura, la calefacción sigue pendiente).

El frío es un obstáculo.

La frialdad de quienes ocupan las altas esferas del poder, también.

Preocupa, además, la tibieza de familias que en complicidad con quienes toman decisiones, alzan la voz para que no se hable de estas tristezas en la escuela, una vergüenza que ningún maestro (mucho menos las víctimas de estos episodios) merece recibir como respuesta.

Sería interesante que cada docente, en su jornada laboral, con los verdaderos protagonistas de la educación, diga algo por respeto a esa gente que dio la vida por un país mejor.

Tener dignas convicciones ante causas tan atroces debe ser una fuerza colectiva que se mantenga de pie aunque arrimen posibles piedrazos de algunas de las gradas de esta sociedad con doble moral, que muchas veces le cae al mensajero sin leer entre líneas los mensajes más profundos.


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