El último deseo

Rafael hace una pausa y cobra conciencia de la gravedad irreversible del asunto.

Cuando su madre Norma no lo reconoce, toda su vida (frustrada, resentida, rutinaria) parece detenerse en un suspiro, necesario indicador de un antes y un después, el eje llamado a modificar sustancialmente las condiciones actuales de existencia.

Entonces, desconsolado, llora a solas consigo mismo, bajo el cielo que supo cobijarlo en aquellos lejanos tiempos de una infancia sin preocupaciones.

Con 40 años de edad asiste a la primera muerte de su madre, que va perdiendo progresivamente sus recuerdos al punto de no poder retener aquellas huellas que, en tanto inconfundibles, le han dado identidad de persona única y conciente de sí misma.

Por lo tanto, en una batalla contra el tiempo, Rafael habla con su padre Nino para llevar a cabo un acto de reparación histórica: cumplir el deseo de Norma, quien siempre soñó casarse por Iglesia.

¿Pero qué significaría esa motivación si la homenajeada puede que nunca tenga registro de tal acontecimiento?

¿Cómo se sostienen los derechos de una persona que ya no recuerda?

¿Cuál sería el sentido de la dignidad en subjetividades que tienen disociada su conexión con el entorno?

Según cifras oficiales, la enfermedad de Alzheimer afecta actualmente a uno de cada ocho argentinos mayor a 65 años de edad. Se estima que en el país hay 300 mil personas en esa circunstancia y la OMS confirma una población mundial de aproximadamente 50 millones de habitantes afectados por lo mismo.

El deterioro (que implica principalmente trastornos de memoria, lenguaje, atención y razonamiento) puede prevenirse con estudios neurológicos y de laboratorio, además de tratarse mediante psicofármacos, dieta saludable, actividad física, vínculos sociales y estimulación cognitiva.

Hace casi dos décadas, un joven Juan José Campanella deslumbró al cine nacional con El hijo de la novia, logrando reunir a celebridades de la actuación como Héctor Alterio, Norma Aleandro y Ricardo Darín, en una película que enseña la importancia de cultivar siempre los afectos, invita a cuidar de los adultos mayores y ayuda a comprender que se puede ser feliz aún sin darse cuenta.


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