En contra del sistema

Antes de ser un músico global, mayoritariamente conocido en países emergentes adonde ejerce una militancia que trasciende a su faceta artística, José Manuel Tomás Arturo Chao (tal su nombre completo) es un activista de causas aún no perdidas por parte de los sectores más relegados del mundo.

De origen francés e hijo de un periodista gallego y una madre vasca, rompió el mandato familiar para dedicarse a la música y ser líder de una banda que tuvo como integrante a su hermano Antoine. Mano Negra, vigente entre 1987 y 1995, mezcló estilos (rock, reggae, blues, entre otros) y fusionó en sus letras los primeros indicios de rebelión ante el sistema capitalista. Casa Babylon, álbum cumbre y muy bien recibido por la crítica, dejó hits como Señor Matanza en los primeros puestos de los rankings europeos y norteamericanos.

Sin embargo, lo mejor de Manu Chao vendría luego, cuando decidió emprender el camino solista e interactuar de cerca con las comunidades africanas y latinoamericanas, siendo en muchas ocasiones portavoz de sus demandas.

Desde entonces, va transeúnte por la vida, sin asentarse en lugares fijos, valiéndose del espíritu nómade para componer al costado de la ruta, ofrecer shows que se propagan de boca en boca y a la gorra, mientras reniega de la fama y los amplios beneficios que seduce a compañías ávidas de contar con sus servicios.

Cuentan que vive de las regalías y los derechos de autor, herederos de la primera etapa de su carrera. Dicen que es capaz de alojarse en lugares inhóspitos del Tercer Mundo, para estar algunos días y vincularse con la población que lo recibe como si fuera uno más.

Confiesa no ser una persona muy leída, aunque Eduardo Galeano es un autor de referencia y Gabriel García Márquez lo deslumbró con Cien años de soledad en su adolescencia.

Chao suele pasar desapercibido. Tiene costumbres sencillas y austeras. Su música ha experimentado sonidos innovadores, incorporando tambores y ritmos latinos, pero desde hace rato está enfocado en otros menesteres.

Cada tanto da alguna nota y sube a sus redes sociales novedades de presentaciones. Muy de vez en cuando se lo ve, también, expresándose ante autoridades locales para pedir liberación de presos políticos, defender el accionar de madres del dolor, visitar clínicas de personas con patologías mentales, manifestarse contra las empresas multinacionales que destruyen el planeta y luchar contra las medidas neoliberales que han devastado a millones de habitantes.

Su empatía por lo clandestino es tal vez una declaración de principios, aquello que acaso más lo emparenta con quienes día a día asisten a la incómoda y urgente necesidad de defenderse ante las injusticias.

El hombre que hace pie en los márgenes ha cumplido recientemente 60 años de edad y nada indica que su filosofía vaya cambiar de paradigmas.

Foto: Cifra Club


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