El misterio de Banksy

Aun cuando el arte suele ser considerado como una instancia menos legítima que el conocimiento científico para intervenir en las necesidades de la sociedad, comprenderlas y generar propuestas rupturistas de transformación, vale agregar que gran parte de los filósofos más destacados de la humanidad y aceptados por el canon de las Academias, destinan estudios pormenorizados de estética en el marco de sus obras.

Expresiones como la pintura, la fotografía, el cine, la literatura, la música y la escultura (por citar tan sólo algunas), constituyen el reservorio de los pueblos para dar cuenta de sus intereses y preocupaciones.

La industrialización del siglo XIX imprimió nuevas maneras de hacer arte; y desde comienzos del siglo XXI hasta la fecha, la era digital supone diversas manifestaciones que se viralizan por soportes que prescinden de la presencialidad física de los objetos.

Una de las propuestas que más ha ganado espacio en estos tiempos es el muralismo, que combina imágenes y/o palabras en contextos urbanos y callejeros. Entre sus referentes a nivel internacional se encuentra alguien que gusta en denominarse Banksy y cuya identidad aún resulta un misterio.

Se cree que es británico, oriundo de Bristol; y que comenzó con la práctica de pintar paredes siendo niño, aprovechando el boom del aerosol en esa ciudad hacia finales de la década de 1980.

Hoy es común ver a través de la Internet intervenciones que aparecen de manera repentina en lugares generalmente abandonados; y tan rápido como surgen, se viralizan por usuarios que siendo ocasionales transeúntes, reproducen un mensaje que tiene múltiples alcances.

La obra de Banksy se caracteriza por su ironía y crítica al sistema capitalista, con fuertes cuestionamientos al mundo político que genera exclusión, violencia y muertes.

Sus dibujos muestran la crudeza de un mundo cada vez más egoísta y muy pendiente de una hipercomunicación que paradójicamente aísla.

Asimismo, pone en ridículo el accionar y la represión policiales, que son dueños de un poder obsoleto al que el autor propone rebelarse y desenmascarar.

Muchas de sus inquietudes se centran en esas insólitas realidades tan complejas y contradictorias: Estados Unidos ataca a Siria pero ignora que un descendiente de esas comunidades como Steve Jobs contribuyó a la grandeza de su nación como una de las máximas potencias del planeta.

Una niña pierde un globo, que se va volando como esas esperanzas desvanecidas ante una circunstancia hostil.

El lanzamiento de un garrochista que participa en los Juegos Olímpicos termina siendo un misil que devasta a países empobrecidos a causa de un show para millones.

En tiempos de pandemia, un niño juega con profesionales de la salud, los verdaderos héroes, más humanos que idealizados.

La lista sigue.

Banksy opera en las sombras con la fuerza ideológica de una filosofía mucho más potente que una inocente expresión de arte; dicen que actúa por las madrugadas y violando todo protocolo, ejerciendo su influencia y militancia desde la clandestinidad.

Quizás no importe tanto quién es él sino todo aquello que es capaz de inspirar.

Cuando pase todo este temblor, sobrevivirán sus mensajes; al menos, un hálito de luz entre tanto dolor y postergación.


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