Una vuelta más

Hace mucho tiempo, y durante varias décadas, en cada barrio solían proliferar las calesitas, un entretenimiento infantil compuesto por una plataforma giratoria en donde abundan diversos objetos (con formas de caballos, automóviles, aviones) que servían de sostén para niños deseosos de subirse a ellos a los fines de dar paseos de 360 grados y algunos minutos.

Generalmente, sus dueños eran herederos de una tradición que llegó junto a las principales olas inmigratorias del país, las cuales encontraban una importante fuente de trabajo en ese andamiaje llamado a descubrir los primeros placeres de la vida.

Sin embargo, el paso del tiempo las va dejando abandonadas, casi obsoletas para nuevas generaciones que encuentran mayor excitación y adrenalina en dispositivos hábilmente pensados por industrias sofisticadas que, en base a estudios de mercados y pericias psicológicas, logran cumplir el cometido de cautivar las mentes y los cuerpos de chiquilines que salen corriendo a su encuentro.

Otra de las razones para comprender por qué se extinguen las calesitas podría ser el aumento exponencial de la población en las grandes metrópolis, causante de la pérdida de espacios verdes, que a su vez son los hábitats propicios para su presentación en sociedad.

Más rebuscado pero no excento de cierta lógica es aquel argumento que, desde una perspectiva marxista, repudia a los carruseles por devenir símbolo de una alienación que sujeta disciplinariamente a los individuos, condenados a repetir mecánicamente giros sin ningún otro sentido que servir al empresario capitalista con el poder de mando para mover la maquinaria.

En este breve análisis (que intenta articular ligeramente dimensiones sociales, económicas, políticas y filosóficas), sería interesante reconocer la vocación de Rodolfo Picone, vecino de La Plata, quien en plena cuarentena del año 2020 fue noticia por reparar una calesita hasta rescatarla del olvido, dispuesto a darlo todo para que ilumine las tardes de Parque San Martín.

Y ese gesto, de por sí, tiene los efectos de un giro copernicano, contracultural a las tendencias actuales en que lo efímero y fugaz se impone como un paradigma a cuestionar.

Fotos: 0221


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