El Partido

Hay al menos tres grandes razones por las cuales el enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra por México 1986 excede a un evento meramente deportivo:

✔ En ese encuentro suceden las dos anotaciones más famosas de la historia, que por su magnitud han recibido (cada uno de ellas) su apelativo particular: “La Mano de Dios” y “El Gol del Siglo”.

✔ Acontece en una instancia decisiva de un Mundial de Fútbol, la cita máxima para el deporte más popular del planeta.

✔ Se inscribe en el contexto de la geopolítica internacional, habida cuenta de que puso en disputa a dos países que recientemente habían dirimido sus diferencias en la guerra de Malvinas, ocurrida entre abril y junio de 1982.

Además de lo anterior, resulta un hito para ese postergado y sufrido pueblo argentino que recién llevaba tres años desde el retorno de la democracia, tras haber atravesado la última Dictadura Militar, el período más oscuro de su vida como nación independiente.

En tal sentido, el encuentro disputado el 22 de junio de hace ya 35 años, consagra a Diego Maradona como una figura exponencial que trasciende al fútbol, y que desde esa fecha comparte la galería de los héroes contemporáneos de la patria, junto a celebridades como Perón, Evita, Gardel o el Che Guevara, los argentinos mayormente distinguidos por el mundo.

En 2016, a tres décadas de la gesta, el periodista Andrés Burgo (Buenos Aires, 1974) tenía la intención de escribir un libro sobre el título argentino en el Mundial 86, pero rápidamente advirtió que Argentina-Inglaterra se llevaba toda la atención: El Partido (editado por Tusquets) es una obra monumental que se circunscribe exclusivamente al cotejo mencionado, narrando el antes, el durante y el después, de un hecho único, con ribetes tan particulares que brillantemente se reúnen en un trabajo de investigación con muestras representativas del universo en cuestión. Tiene aportes de protagonistas directos e indirectos (futbolistas, periodistas y aficionados de ambos bandos que estuvieron en el Estadio Azteca) y se vale de una precisa recolección de datos a partir de fuentes primarias y secundarias que revelan detalles ignorados hasta entonces.

¿Qué tuvo de especial ese cotejo?

Entre otras cosas, el espíritu amateur de los protagonistas, personas comunes capaces de hacer algo extraordinario. Con miserias propias, egos y limitaciones tan humanas, logran unirse detrás de una causa: hacer historia y regalar una alegría eterna al país.

Por ejemplo, una de las anécdotas más pintorescas tiene que ver con las camisetas: el día anterior, un grupo de mujeres se encontraba bordando y ploteando el juego de casacas azules que integrantes de la delegación del combinado nacional, a pedido del entrenador Carlos Bilardo, había comprado de urgencia en un local de Ciudad de México para cumplir con la reglamentación de la FIFA, porque al jugarse en horas del mediodía, la marca que vestía al equipo no había dispuesto para la vestimenta suplente una tela calada para soportar el calor (algo que sí tenía la prenda titular, celeste y blanca).

Asimismo, el texto reúne voces que establecen dificultades de relación entre los hechos y los recuerdos: muchos testigos del encuentro tienen versiones muy distintas acerca de lo ocurrido, y hasta llegan a evocar episodios que no han sucedido.

Lógicamente, se recupera al Maradona íntimo y cotidiano, un líder que vivió con naturalidad su momento más sublime, con declaraciones potentes que ha realizado y otras que le atribuyeron (¿Quién sugirió el bautismo de “La Mano de Dios”?).

Hay en él la majestuosa expresión del talento y la picardía, algo muy identificado con sus orígenes humildes. En un país que empezaba a dejar atrás la represión, fue festejado por partida doble sus dos acciones fundamentales: la trampa del gol con su puño izquierdo, que quiebra la sumisión a las leyes; y la maravillosa acción desde mitad de cancha, esquivando a cuanto rival se interpusiera. Esta última épica también tuvo el acompañamiento de un relato que contó la secuencia en tiempo real: la poesía de Víctor Hugo Morales, con la pasión del momento, hizo más inmortal la gestación y culminación de una obra tan única como irrepetible, canonizando a su autor con el epíteto de “Barrilete cósmico”.

El libro viene a contar lo que el paso de los años ha dejado en el camino.

Enseña que la historia, como ciencia social, siempre está escribiéndose.

Y confirma que de los grandes momentos del pasado aún habrá algo más por compartir, sobre todo ahora, cuando la estrella más rutilante ya no está en este plano.


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