Todas las vidas importan

Van tres meses sin saber qué fue de Tehuel De la Torre, joven trans de 22 años de edad que se encuentra desaparecido desde el último 11 de marzo, cuando salió de su hogar en San Vicente con destino a la localidad de Alejandro Korn, provincia de Buenos Aires. Allí se encontró con un hombre de 37 años de edad que le habría ofrecido trabajo como mozo. En la casa del sospechoso, la Justicia encontró un teléfono incendiado y restos de prendas de vestir que habrían pertenecido a la persona buscada.

Sin embargo, desde aquel día no han habido grandes avances en la investigación, que avanza muy lentamente y se encuentra ante obstáculos (silencios y complicidades) que impiden resolver el caso.

Como suele suceder en estas ocasiones, diversos organismos de derechos humanos y colectivos de la comunidad trans, acompañan a familiares y amistades de Tehuel en la difusión de su desaparición: pretenden instalar en la agenda del Estado, la opinión pública y los medios hegemónicos de comunicación, un episodio que no puede ni debe pasar desapercibido.

Asimismo, desde sectores emergentes y con pluralidad de voces, se concientiza sobre una realidad que permite explicar el silencio llamativo de las autoridades. Resulta evidente que ser transgénero es un condicionante para evitar la visibilidad de un delito al que todavía faltaría caratular (¿Desaparición forzada? ¿Secuestro? ¿Transhomicidio?).

El hecho vuelve a exponer la debilidad de las políticas públicas para atender a una problemática que crece. El fenómeno de la desaparición de personas no es un fenómeno que sólo se circunscribirse a la última Dictadura Militar: durante casi cuatro décadas de democracia en Argentina, las cifras oficiales establecen aproximadamente en poco más de 6 mil la cantidad de personas que no han retornado a sus hogares.

En esta ocasión, la identidad de género asumida por Tehuel plantea el interrogante acerca de si ser trans en este país todavía implica sucesos de violencia como discriminar y negar entidad a las minorías.

Por todo esto, quizás parte de la sociedad argentina (incluyéndose algunos grupos que alzan las banderas de la inclusión) no sea tan abierta como se autopercibe.


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