Ser periodista hoy

¿Qué es la noticia?

¿Cómo reconocer lo importante en tanto distinto a lo superfluo?

¿Cuáles son los criterios para establecer la agenda mediática?

¿Por qué es tan reclamada como cuestionada la libertad de prensa?

¿Existe el periodismo independiente?

Todas esas preguntas (y muchas más también) componen el universo semántico de una profesión que en el decir, pensar y hacer de Rodolfo Walsh, fue identificada como oficio.

En cualquier lugar del mundo, las condiciones de posibilidad para ejercer el periodismo ponen de manifiesto la realidad política y social de un país.

A gobiernos autoritarios, una prensa sumisa y funcional a la pauta oficial.

Si el poder es más liberal, proliferan disidentes voces.

Y para el caso de combinar tantos vicios como virtudes en proporciones similares, el combo presenta investigación aguda, entretenimiento sano, panelismo ocasional y escándalos reveladores de secretos íntimos.

Al periodismo le debemos denunciar injusticias, comunicar ideas emancipadoras, estar en el lugar de los hechos, crear ese ente abstracto llamado opinión pública y visibilizar causas como desaparición de personas, hechos de corrupción y toda violación de derechos humanos.

Por eso mismo genera indignación que los profesionales de los medios monopólicos creen operaciones de prensa, mientan descarada o solamente, instalen el pánico en la población y ridiculicen a quienes no pueden defenderse.

En esta era, el periodista de carrera se enfrenta a un monstruo que lo supera: el boom de las plataformas multimediales con epicentro en el anonimato de las redes sociales, que empoderan a los usuarios y los convierten en comunicadores sin pasar por el filtro de la formación académica ni la preparación ética que implica poner en juego una palabra cuyo poder puede generar fanatismo o violencia.

Y unas preguntas incómodas para el final, a modo de conclusión: ¿Cualquiera puede ser periodista? ¿Son prescindibles en nuestra sociedad? ¿Hay más profesionales que acontecimientos? ¿Se puede ser creíble sin estar diciendo la verdad? ¿Hacia dónde va el ejercicio de la profesión en tiempos tan convulsionados como los actuales?


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