La ingeniería en debate

El 6 de junio es el Día Nacional de la Ingeniería, fecha elegida en homenaje a tal jornada de 1870, cuando Luis Antonio Huergo se convirtió en el primer egresado de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires.

Desde hace unos años, conviven algunas discusiones en relación a la formación profesional de las carreras del sector y cómo es su relación en comparación con otras ramas del conocimiento.

Respecto de lo primero, las universidades nacionales de Argentina coinciden en la necesidad de reformar los planes de estudio y plantear distintas instancias para las titulaciones de sus estudiantes de grado. Sucede que los aspirantes a ser ingenieros no logran culminar sus carreras porque suelen ser solicitados a causa la creciente demanda laboral. Eso hace que abandonen sus proyectos iniciales y se encausen en trabajos bien remunerados; incluso, en relación de dependencia.

Ante esa circunstancia, se deben revisar las prácticas profesionales, valorando las experiencias de los estudiantes en sus lugares de desempeño, lo cual constituyen también espacios de formación y aprendizaje.

En virtud de lo anterior, otra de las polémicas que se derivan es el lugar de las ingenierías en el mapa de estudiantes egresados de las universidades nacionales.

Hace poco más de una década, fue muy comentado un texto del periodista Andrés Oppenheimer, quien en su libro ¡Basta de historias! (2020, Debate) describió una situación que para muchos analistas podría calificarse de alarmante: valiéndose de estadísticas oficiales de la Universidad de Buenos Aires, concluyó que por cada tres estudiantes que se recibían de la carrera de Psicología había tan sólo uno que lo hacía en la de alguna ingeniería.

Según el autor, ello explicaría la falta de desarrollo de un país emergente como Argentina, con altos índices de pobreza y desempleo. Tal realidad, también, aplicaría a países vecinos de la Región.

Oppenheimer está convencido que las claves de desarrollo de una nación deben basarse en la irrenunciable apuesta por la ciencia y la tecnología, con lo cual, desde esta perspectiva, se vuelve imperiosa la necesidad de invertir a tal efecto y estimular la formación de profesionales que se multipliquen exponencialmente año a año para permitir el crecimiento nacional y redefinir su lugar en el mundo.

Esa postura viene a plantear una escisión que abre dos dimensiones distintas: todas las disciplinas son importantes y es muy difícil saber cómo jerarquizar las prioridades. De todos modos, evaluar en términos de utilidad qué necesita el país implica realizar amplios estudios interdisciplinares, que abarcan aspectos culturales, económicos, antropológicos, demográficos y políticos, entre otros a tener en cuenta para la elaboración de un diagnóstico preciso.

Lógicamente, la ingeniería abre puertas y permite soluciones, quizás más visibles que las provenientes de otros campos del saber.

Por eso mismo, en el día que evoca aquel primer paso de Huergo, vale destacar la valía de los aportes de la ingeniería a la vida y la historia de los argentinos.


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