«¡Grande, Pa!», a 30 años

A comienzos de 1991, la sociedad argentina habitaba las mieles del menemismo, un país de fantasía que consistía en tener velados los ojos, selectivos para crear la ilusión de construir castillos en el aire que posteriormente se derrumbarían, explicando hoy parte de sus ruinas.

Por aquel tiempo eran indicadores de pertenencia a la clase media disponer de TV, lavarropas y heladera propias. Los consumos culturales acompañaban los usos y costumbres del sector: terminar la escuela, estudiar o trabajar y salir de vacaciones a la costa 15 días al año, daban curso a las expectativas del ciudadano promedio.

Quien supo tener una lectura atinada y precisa del momento fue el empresario Constancio Vigil, quien buscó satisfacer las demandas del grupo pujante: copó el mercado con Editorial Atlántida, siendo dueño de emprendimientos como las revistas Billiken (destinada a niños y adolescentes), El Gráfico (presentando al deporte profesional desde un enfoque más profundo que su mera práctica) y Gente (circunscribiendo el ejercicio del periodismo al mundo del espectáculo). El golpe mediático se completaría con ayuda de una política de privatizaciones, que le permitió ser accionista del canal de aire Telefe.

La señal televisiva tenía un perfil destinado a la familia. Es en ese contexto que surge ¡Grande, Pa!, comedia que durante cuatro temporadas consecutivas (de enero de 1991 a noviembre de 1994) lideró el rating, llegando a alcanzar históricos 60 puntos de audiencia, sólo superados por transmisiones de la Selección Argentina en los Mundiales de Fútbol.

La serie se emitía todos los miércoles en el horario central de las 21 hs. Tuvo como elenco a la figura estelar de Arturo Puig, viudo padre de tres adolescentes (Nancy Anka, Julieta Fazzari y Gabriela Allegue) que necesitaron estar al cuidado de María Leal, una empleada doméstica que hizo de madre, esposa, amiga y sostén emocional de una familia que, décadas después, habría sido caracterizada como disfuncional.

El programa también fue un hito por plantear temáticas como los roles de la masculinidad, el despertar sexual y las miradas contrahegemónicas a estereotipos tradicionales.

Sin dudas, marcó una época. Por concepto, guión, actuaciones e impacto cultural, fue exponente de una sociedad argentina que -en la naciente democracia tras la última Dictadura Militar- tuvo más aspiraciones que certezas.


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