Los 80 de Bob Dylan

Ser estrella de rock supone llenar ciertos requisitos en el formulario; entre otros: carisma, talento, compromiso político, transgresión y vigencia en la cultura popular.

Aun habiendo excepciones, parece que grandes referentes del arte se emparentan más con los estereotipos de la ideología de izquierda (revolucionaria, crítica, cuestionadora) que con las expresiones de derecha (conservadora, elitista, poco proclive a los debates y la diversidad).

Uno de las figuras más influyentes de la historia del rock es el norteamericano Robert Allen Zimmerman (más conocido como Bob Dylan), quien el último lunes 24 de mayo llegó a los 80 años de edad como un músico fuera de serie que marcó una época y a la vez trascendió a su propio tiempo.

Además de sus baladas ampliamente difundidas («Lady, Lady, Lay», «Mr Tambourine Man»), otras consagratorias que incluso fueron reversionadas por varios artistas («Like a Rolling Stone», «Forever Young», «All along the watchtower») y manifiestos de paz en tiempos convulsionados («Blowin’ in the wind», «A Hard Rain’s a-Gonna Fall»), Dylan fue un ícono destacado por su poesía, liderazgo y llegada a otras leyendas como John Lennon y Mick Jagger, a quienes les pidió expresamente que sus letras tuvieran contenido político y social, para que desde su música se creara conciencia acerca de los conflictos emergentes en el mundo de posguerra, con dos décadas de oro (años 60 y 70) siendo acaso las más brillantes que dio la cultura rock en toda su historia.

Participó en los debates públicos cuestionando el sueño americano; tuvo intercambios cercanos y disidentes con líderes mundiales; toca la armónica, la guitarra, el bajo, el piano y el teclado; canta con elocuencia y aún sigue siendo voz de muchas luchas que se mantienen latentes.

Admirado y respetado entre colegas, fue premiado por la Academia de Estocolmo con el Premio Nobel de Literatura en 2016, decisión que provocó el malestar de ciertos sectores reticentes a distinciones rupturistas (¿es más escritor un autor de novelas que un compositor de melodías?) que reconozcan la valía de actores reaccionarios a las ideologías hegemónicas.

Bob Dylan no acusó recibo de esa premiación y mostró indiferencia, siendo consecuente con una manera de pensar y proceder que acompañó toda su carrera, desde ser una incipiente promesa a consagrarse como ícono del folk.

La clave está en su vigencia, heredero de los cimientos que anunciaron los prólogos de un género musical que asociado a la rebeldía y la juventud hoy ve cómo sus grandes referentes van llegando hacia los últimos peldaños de existencia.

Dylan reivindicó a esos grupos de la sociedad que aún habitando un país imperialista no dejan de mirar las atrocidades de un mundo desigual.

Quizás el mayor riesgo sea quedar melancolizados en su música, sin siquiera proyectarla como proclama para denunciar varios tormentos..

Foto: Rolling Stone


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