En busca del sentido

Lo que más me gusta de la docencia es la diversidad: poder trabajar con niños, adolescentes y adultos de distintos orígenes, resulta una experiencia que trasciende a la profesión y da sentido a la existencia.

Aprender de colegas, sentir su presencia y humildad, valorar el aporte de personas con trayectoria que en algún momento han señalizado los caminos iniciales, es algo que nunca dejo de lado en mis propios recorridos.

Como tantas otras personas, he tenido momentos buenos y no tanto en el ejercicio de esta actividad que lleva consigo el poder de la vocación, las tensiones vinculares e ideológicas, y la dinámica de encuentros con algo de vertiginoso, incierto y cautivante.

Estar abierto a la novedad interpela, sacude, despierta, conmueve y hasta incomoda.

Sin embargo, subyace en tal devenir un deseo que no siempre se explica en palabras sino que en ocasiones es posible expresarlo a través de gestos (abrazos, miradas, tonos de voz), sentimientos (amor, libertad, felicidad) y emociones (ansiedad, tristeza, entusiasmo, angustia).

Cuando alguien no está identificado con una comunidad es muy difícil seguir perteneciendo. Ningún deseo puede sostenerse si el contexto asume la posición de fuerza opuesta.

Pero si ideas y acciones se combinan dando impulso a convicciones que buscan el acercamiento entre la comunidad educativa y la escuela, entonces el horizonte se vislumbra como posibilidad real aunque esté lejano.

Hoy sumo a mis trayectos una institución que se ubica por fuera del casco urbano de la ciudad en donde vivo.

Lo hago con la emoción de haber tomado una decisión que no puede quedar reducida al plano profesional.

Elijo y quiero para mi vida acercarme a causas de sectores que necesitan como nunca el acompañamiento de políticas educativas que ayuden, sumen y dignifiquen maneras de habitar un mundo hostil que daña por dañar.

Prefiero involucrarme con este tipo de problemáticas y no con aquellas que suceden en círculos condicionados por la vara del éxito, el individualismo y la autopercepción de una confusa conciencia de clase.

Siento gratitud por trabajar en cada lugar donde también me siento querido y valorado.


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