Figuras geométricas

Las matemáticas surgieron en la Antigua Grecia y lograron expandirse por lo que hoy es África y Asia.

En efecto, las pirámides de Egipto guardan como gran misterio el secreto de su exactitud, construidas todas ellas en base a principios de cálculos y dimensiones demasiado elaborados para la época.

Por otro lado, el pueblo árabe ha sido el encargado de incluir en la numeración al 0 (cero), símbolo que permite diseñar sistemas decimales destinados, entre otros, a establecer medidas en tiempo y espacio, llegando así a construir fórmulas que van desde aquellas que sirven para levantar una casa hasta otras que posibilitan indagar en la expansión del cosmos.

Ante todos esos recovecos, existen figuras que al ser abstractas no requieren de objetos físicos para pensarse por sí mismas (por ejemplo, el triangulo o el cuadrado, que están en la mente como idea). En cambio, a otras se acceden necesariamente a través de los sentidos, como la denominada cinta de moebius, una representación similar al símbolo del infinito, pero con la salvedad de su fisonomía: no se sabe donde empieza ni donde termina.

La imagen que acompaña este texto habilita algunas reflexiones.

Hay en ella un predominio del círculo: en las ruedas de la bicicleta y en el giro concéntrico que se describe a partir del reflejo dejado por el agua.

Ambas ruedas, puestas en paralelo, crean la ilusión de representar la idea con que se concibe la anteriormente citada eternidad.

Precisamente, la rueda ha sido uno de los grandes descubrimientos de la historia, no sólo por poner en acción a los objetos sino también -siglos más tarde y en sentido explicativo- a la conciencia humana, que muchas veces reincide en aquellos laberintos conceptuales y emocionales destinados a circular atropelladamente en las personas, sin siquiera detenerse.

Entonces, cuando algo da vueltas incesantemente, regresando una y otra vez al mismo y común lugar de alienación, hay que proyectar una salida urgente hacia los sueños de libertad, los cuales son tan o más importantes que la vida misma.

Así las cosas, pasear en bicicleta siempre debería ser un sencillo acto de reparación autónoma.


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