La Argentina de Tato

Mauricio Borensztein (1925-1996) fue el hombre detrás de su personaje más famoso: #TatoBores, ícono del humor político en Argentina, dueño de una lengua mordaz, ocurrente y carismática, que revelaba grandes verdades para denunciar debilidades, defectos y contradicciones de la clase dirigente nacional.

Sus monólogos causaron gran suceso desde inicios de la década de 1960, cuando en el teatro y la TV abierta se dedicó a analizar agudamente la realidad política del país; en ocasiones, invitando a protagonistas del momento, entre presidentes y demás actores sociales que animaban la agenda gubernamental.

Rápidamente, se convirtió en referente de la clase media argentina, una suerte de Sócrates criollo que ridiculizaba al poder y generaba temor, rechazo y precaución en mandatarios que no dudaban en ejercer presiones para que el actor se corriera de la escena.

Es que Tato combinaba simpatía y popularidad con una inteligencia que lo convertían en más que un humorista: fue un showman con probados conocimientos acerca de la lógica en que operaban los poderes de turno.

Se trató de un crítico cuya influencia podía ser similar a los periodistas más renombrados del rubro.

Brilló en todo su esplendor durante la primera mitad de los años 90, cuando en pleno menemismo neoliberal se puso en evidencia que su mensaje podía referir a cualquier época y vale decir que su voz aún aplica a problemáticas actuales.

Es recordado por un curioso episodio que en 1992 le valió el apoyo de personalidades de la cultura, cuando invitados a su propio programa entonaron a coro una canción de protesta contra María Servini de Cubría, Jueza Federal que estaba pagando una módica multa ordenada por la Corte Suprema, acto que dañaba su reputación e investidura, y que iba a ser difundido por Tato, a quien intentó censurar.

Un artista es grande cuando logra trascender al tiempo y mantener su vigencia.

Bores era un hombre con inquietudes, talento y profunda conciencia social.

Por más que haya quienes buscaron ocupar su lugar, el trono del humor político aún le pertenece.

Hoy, 11 de enero, se cumplen 25 años de un adiós lleno de «vermú con fritas y good show».


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